jueves, 8 de diciembre de 2022

TIEMPO DE BALANCE GENERAL Y DE PROPONERNOS BUENOS PROPÓSITOS

Raúl Espinoza Aguilera

Indudablemente al término de un año más, es recomendable realizar un balance

general de nuestra vida, como lo hacen en las empresas. Esta reflexión me llevó a

recordar una consideración que leí en un libro hace muchos años y me hizo

bastante bien:

“Examen. (…) Contabilidad que no descuida nunca quien lleva un negocio. ¿Y hay

negocio que valga más que el negocio de la Vida Eterna?” (“Camino”, No. 235,

Escrivá de Balaguer, San Josemaría).

En cierta ocasión, me acerqué a un conocido Notario que se había jubilado y que

ahora se dedica a trabajar intensamente en una labor social y asistencial, en la

que yo también colaboro. Le pregunté:

-Manuel, ya llevas muchos años apoyando a esta labor social y le dedicas tu mejor

tiempo y esfuerzo, cuando muchos de tus colegas que ya están jubilados y

emplean su tiempo en viajar, en practicar sus aficiones o simplemente a

descansar, ¿tú por qué lo haces?

-Mira, mi querido Raúl, porque no quiero llegar allá Arriba con los morrales vacíos;

quiero llegar con los costales bien cargados de buenas obras.

Reconozco que su respuesta me edificó sobremanera porque tenía toda la razón y

me llevó a hacer un balance general de mi vida. “Llegar ante Dios con las manos

llenas de buenas obras”, pensaba una y otra vez, es justo la reflexión que me

hacía falta y que creo que toda persona debe de hacerse.

Ahora, que en pocos días celebraremos la Solemnidad de Nuestra Señora de

Guadalupe, me acordé de un conocido español, Ingeniero de profesión, que justo

por estas fechas vino a buscarme y lo invité a tomar un café para platicar

ampliamente.

En la animada conversación tocamos muchos temas: de sus logros en su

actividad profesional, de su familia, de conocidos mutuos; de lugares de México,

que había visitado y que le habían agradado mucho. Todo transcurría de modo

cordial y ameno, pero al tocar el tema de Dios, me dijo de manera seca y con mal

humor:

-Mira, no comiences a “sermonearme”. ¡Eso no lo tolero ni de mi madre!

Le respondí:

-Pero hasta donde y yo recuerdo, estudiaste en colegios católicos; en tu familia

siempre te fomentaron la práctica de la vida cristiana, te casaste por la Iglesia…


-Sí, sí -me interrumpió con brusquedad- eso era antes cuando era niño y luego

joven, pero ahora ya no creo absolutamente en nada. Soy agnóstico. ¡Así que

prefiero no hablar de este tema y punto!

Entonces, conversamos de otros asuntos y le platiqué de mi actividad profesional.

Pasó un poco tiempo, después terminamos y nos despedimos.

Antes de concluir añadió:

-¡Y todavía la ilusa de mi madre me recomendó que no me regresara a Madrid, sin

antes ir a la Villa de Guadalupe! ¿Cómo ves? -me preguntó burlonamente.

Y le dije con seguridad:

-Mira, velo por el lado de incrementar tu cultura general. Porque la Villa de

Guadalupe es el Santuario en donde asisten el mayor número de fieles, no sólo de

nuestro país, sino que me he encontrado con personas de todo el Continente

Americano, de Europa, ¡hasta de Australia e Indonesia! Con eso te digo todo. ¡Te

sugiero que vayas!

A los pocos días, este amigo español me llamó desde el aeropuerto y me dijo:

-No me vas a creer lo que me pasó en la Villa. Finalmente fui a regañadientes. Me

puse en esa banda que hay donde se mira de cerca a la Virgen María y delante de

mí había una indita, muy pobrecita, que iba vestida con su traje típico, descalza,

con sus trenzas y no paraba de darle gracias a la Virgen. Decía:

-Madrecita, gracias porque mi marido se curó de la fuerte pulmonía que le dio;

gracias porque mi yerno dejó de beber; gracias porque a mi hijo le fue bien en su

cosecha de las tierritas de maíz que sembró; gracias porque mi sobrino se salvó

de ahogarse en el río, y así una retahíla de gracias…

Y me solté llorando, diciéndole a Dios: “Señor, yo que lo tengo todo en la vida, me

he alejado de ti y de tu Madre, y esta pobrecita -que nada tiene- no deja de dar

gracias. ¡Qué malagradecido he sido contigo, perdóname! Y a continuación subí a

buscar a un sacerdote e hice una Confesión general de mi vida y me dio la

absolución. Como al finalizar, me di cuenta que había Misa y recibí a Jesús en la

Eucaristía. Todo eso me llenó de una gran paz espiritual y estoy muy agradecido

con mi mamá y contigo. No quise hacer una cita para charlar porque se me caía la

cara de vergüenza. Pero sé que a mi madre le dará mucho gusto. Así que me

despido porque mi avión sale en un rato más. ¡Muchas gracias por todo!

Me quedé pensando que, en realidad, yo no había logrado nada con él.

Reconozco que había rezado, pero hasta ahí. Más bien, había sido la Virgen de

Guadalupe, a través de aquella indita, quien había provocado aquella

impresionante conversión de vida. Y me parece que con este par de anécdotas ya

está todo dicho.

¿POR QUÉ CUANDO OBEDECEMOS SOMOS MÁS LIBRES?

Pbro. José Martínez Colín

 

1)  Para saber

Se cuenta que en cierto pueblo se remodeló la plaza del Ayuntamiento. Entre los arreglos se pintó una banca que estaba deteriorada. Para evitar que alguien se sentara y se manchara, se le pidió al guardia de la plaza que la vigilara para evitarlo. Pasaron unos días y relevaron al guardia, quien le dijo a su sucesor que no permitiera por ningún motivo sentarse en esa banca, pero sin decirle la razón. El nuevo guardia vigiló que nadie se sentara. Así que, aunque ya se había secado la banca, no dejaba que se sentaran. Esa orden pasó al siguiente sucesor y así sucesivamente. Pasaron muchos años en que estuvo prohibido sentarse ahí, sin saber nadie la razón.

Es el peligro de hacer las cosas sin saber la razón de las indicaciones o las normas. Eso podría suceder en la Liturgia si no se comprende el sentido de las indicaciones y sus símbolos. Dice el Papa Francisco que el “rito es en sí mismo una norma, y la norma nunca es un fin en sí misma, sino que siempre está al servicio de la realidad superior que quiere custodiar”. Importa cuidar el “arte de celebrar” (ars celebrandi) sin quedarse en la mera observancia de las rúbricas. Pero tampoco sin caer en el otro extremo de improvisar por una fantasía sin reglas. Ni formalismo, ni un caos sin normas.

2)  Para pensar

Es más fácil actuar según nuestro pensar, que obedecer una indicación externa. Pero tratándose de la Liturgia, es preciso ir en sintonía con el Espíritu Santo, y no reducirla a nuestro modo de pensar. En su carta sobre la Liturgia, el Papa Francisco cita a Romano Guardini, sacerdote católico alemán, que escribió profundas reflexiones sobre el “arte de celebrar”: «Debemos darnos cuenta de lo profundamente arraigados que estamos todavía en el individualismo y el subjetivismo, de lo poco acostumbrados que estamos a la llamada de las cosas grandes y de lo pequeña que es la medida de nuestra vida religiosa”. Nos quiere prevenir este pensador de no guiarnos únicamente por lo que a cada uno le parezca lo que es la religión, pues al ser limitados, la estaríamos empobreciendo. Es preciso, dice el mismo pensador, trabajar seriamente obedeciendo a la Iglesia. Solo así alcanzaremos la grandeza de la oración.

Las normas o reglas tienen un sentido valioso y por ello se les debe obediencia. No se trata de la regla en sí misma, sino del bien que comporta. Podemos pensar si seguimos las normas comprendiendo su razón de ser y su valor.

3)  Para vivir

En toda celebración litúrgica han de tener presente, no solo en el celebrante, sino todos los que participan, que es una acción sagrada, pues es Cristo quien está actuando y el Espíritu Santo quien santifica a los participantes. Todos los presentes unidos a Jesucristo ejercen el culto público íntegro. Por ello se afirma que la Liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. Cristo es el que bautiza, el que perdona en la confesión, quien celebra la Eucaristía…

Nunca se debe olvidar que en cada celebración se hace presente la acción redentora de Jesucristo, su misterio pascual, para que todos los bautizados puedan experimentar en su vida la obra de la salvación. Al comprenderlo, estaremos en sintonía con el Espíritu Santo y lograremos vivirla con mayor eficacia. (articulosdog@gmail.com)

LA VERDADERA HISTORIA DE SAN NICOLÁS DE BARI

Raúl Espinoza Aguilera

Por increíble que parezca, quizá sea el santo de quien más se ha hecho una

verdadera caricatura. Nada tiene que ver con ese Santa Claus tan divulgado ni

menos con el cantante italiano, Nicola di Bari, quién obtuvo el primer lugar,-junto

con la conocida cantante Nada Malanima- en el Festival de San Remo, en 1971,

con la canción “El Corazón es un Gitano”.

Se trata de un ilustre personaje que nació en Patara, en la región de Licia (hoy es

un territorio que pertenece a Turquía) alrededor del año 270 D. C. Desde niño se

destacó por su piedad y generosidad. Sus padres eran unos fervorosos cristianos,

lo educaron en la fe. Al morir sus padres, heredó una gran fortuna y no dudó en

entregarla a los que más necesidad tenían.

Fue ordenado sacerdote y, pronto fue consagrado como Obispo de Myra. Destacó

por su celo en defender la ortodoxia de la fe Católica. Aunque suene fuerte para

nuestra época, sin embargo era lo que se acostumbraba en esos años para

terminar con el paganismo: ordenó demoler un templo dedicado a la diosa griega

Artemisa.

Eso le valió ser encarcelado por el emperador Licinio, siendo liberado por el

Emperador Romano Constantino I, que se había convertido al Cristianismo en el

año 312.

San Nicolás participó en el Concilio de Nicea, en el año 325, condenando las

doctrinas de Arrio, quien se negaba a admitir la Divinidad de Jesucristo.

Tenía un modo elocuente de hablar, con dulzura y de una manera exquisita, que

tanto suele gustar a los orientales. No obstante, cuando se trataba de proteger a

los más débiles, sabía actuar con energía y vigor.

San Nicolás falleció hacia el año un 6 de diciembre de 343 en Myra. Muy pronto,

Turquía fue invadida por los musulmanes y sus restos fueron trasladados a la

ciudad de Bari, Italia. Fue el primer santo -no mártir- muy venerado por los pueblos

cristianos de la Antigüedad.

Se le atribuyen numerosos milagros, entre los más conocidos: haber resucitado a

tres niños que cayeron de un árbol y de inmediato fallecieron. También se le

atribuye el milagro de tres niños sacrificados -aunque parezca increíble- para dar

de comer a las clientes en el restaurante de un hostelero, como si fueran

lechoncitos. Pero por la intercesión de este santo fueron devueltos a la vida.

También se cuenta que salvó la vida de tres generales injustamente condenados a

muerte. Más recientemente, durante la Segunda Guerra Mundial, se le conocen

milagros.


San Nicolás de Bari es el santo patrono de Grecia, Rusia, Turquía, en los países

Bajos y Lorena (Francia), así como en muchas otras ciudades. Tanto en la Iglesia

Ortodoxa Oriental como en la Católica es bastante venerado.

En 1931, el pintor Haddon Sundblom creó para la “Coca-Cola” una imagen que ha

perdurado hasta nuestros días. Lo pinta como un viejo obeso, con un ridículo traje

rojo, en un trineo que llevan algunos renos, cargado de regalos y cantando: “Jo,

Jo, Jo, yo soy Santa Claus y traigo muchos regalos para los niños en esta

Navidad”.

De ahí arrancó esa leyenda. Para variar este refresco de “Cola” perseguía fines

meramente mercantilistas. Es decir, buscaban vender más su producto entre los

consumidores, en forma particular entre los niños.

Afortunadamente en el centro de este país, se les dice a los niños que los regalos

los trae el Niño Dios y los Santos Reyes. En mi natal Sonora, por influencia

norteamericana, está muy arraigada la figura de Santa Claus.

Y los inocentes niños cuentan las fantasías de que este curioso personaje se

introduce por las casas a través de las chimeneas y deja los regalos debajo del

árbol de Navidad, y en las medias de colores -que cuelgan los chiquillos con gran

ilusión alrededor de la chimenea- les deja dulces y chocolates.

Nunca me ha parecido bien esa forma de deformar la figura de este santo tan

venerado durante siglos como lo ha sido San Nicolás de Bari, porque considero

abusiva la manera de haberlo trastocado con el pretexto de buscar sólo utilidades

económicas. ¡Ya podrían a ver inventado una original caricatura! Porque Walt

Disney, por esos años, ya había comenzado a dibujar los célebres dibujos del

ratón Miguelito y muchos más, que luego aparecieron en la genial, innovadora y

audaz película “Fantasía”.

En fin, considero que a un santo hay que respetarlo, tal y como fue su biografía,

sin mezclarlo con mezquinos intereses mercantilistas.

Muchos acuden a este santo para pedirle favores materiales en urgentes

necesidades. El hecho es que su devoción continúa muy viva hasta nuestros días.

sábado, 3 de diciembre de 2022

LA BREVEDAD DEL TIEMPO: EL CAER DE LAS HOJAS EN OTOÑO

Raúl Espinoza Aguilera

Hay un árbol, frente a mi casa, que marca con exactitud las estaciones del año. En

esta época, desde mi ventana, se ven caer las hojas en este tiempo otoñal.

Con frecuencia me hace recordar aquel pensamiento que leí cuando era

adolescente: “¿Has visto, en una tarde triste de otoño, caer las hojas muertas? Así

caen cada día las almas en la eternidad: un día, la hija caída serás tú. (Escrivá de

Balaguer, Josemaría, Camino, No. 736).

Esta reflexión nunca me ha parecido pesimista o melancólica sino profunda y

realista, que nos lleva a considerar la brevedad del tiempo, justo ahora que está

concluyendo un año más.

En cierta ocasión, acompañé a un profesor de la universidad a que visitara a su

amigo médico, que se encontraba enfermo por una larga enfermedad.

Conversaron ampliamente y, en un momento, dado le comentó con seriedad:

-Ayer cumplí 70 años. Y tú -dirigiéndose a su amigo catedrático- ¿qué edad

tienes?

Y le respondió:

-Igual que tú. También, 70 años.

No sé si este médico estaría algo deprimido por su enfermedad, pero le añadió, en

tono dramático:

-¡¿No te das cuenta que a ti y a mí se nos fue la vida?! -y lo hacía levantando y

gesticulando sus brazos aparatosamente, como uno de esos actores de carpa.

Y repetía:

-¡Date cuenta, José, que todo esto se nos fue para siempre!

Lo hacía en tono tan apasionado, emotivo y teatral que internamente me comenzó

a dar risa porque me resultaba cómico el modo tan exagerado cómo lo enfatizaba.

Y el profesor José le añadía, de modo sereno:

-Mira, Rafael, el tiempo de esta vida es breve y todos -tarde o temprano- vamos a

morir. Es ley de vida.

Y en ese momento su amigo doctor se alteró todavía más y le decía:

-¡Es que no puede ser, no me la creo!

Y el profesor le añadía con calma:


-Mira, es probable que ahora todo lo veas “negro” por tu enfermedad. Pero tienes

que aprender a contemplar este hecho, como lo que es: una realidad inexorable.

No se puede evitar la fugacidad del tiempo. Pero recuerda que hemos nacido

para la Eternidad. Es verdad que esta existencia se marcha muy de prisa pero, al

final, nos espera amorosamente el Autor de la Vida y, como es nuestro Padre, nos

dará un abrazo muy cariñoso. ¿Comprendes? Por lo tanto, no hay nada que

debamos de temer. ¡Todo lo contrario! Nos aguarda con Amor -con mayúscula- y

no olvides que el Cielo es para siempre. Así que, desde ahora, siéntete siempre

en los brazos de tu Padre Dios. Así, que te recomiendo que te serenes y

aproveches tu convalecencia para meditarlo con este enfoque.

Si es así -le respondió su amigo médico en tono más reflexivo y ecuánime- el final

no será tan duro, sino francamente esperanzador -y esbozó, por vez primera, una

leve sonrisa. Te agradezco mucho tus consoladoras palabras.

-¡Ánimo, mi estimado Rafa! No tomes todo esto en plan tan patético porque nos

espera una Luz muy Bella, al final de este aparente túnel. Ahora déjame contarte

unos buenos chistes o cuentos que había preparado para ti.

Y con su gracia fuera de serie, este profesor norteño, le comenzó a relatar sus

divertidos cuentos y, por un largo rato, nos hizo reír mucho.

Cuando ya nos despedimos del enfermo, le comentó:

-¡No sabes cómo me has levantado el ánimo con tus reflexiones y cuentos. Por

favor, ven a mi casa más seguido porque ya sabes que soy viudo. Sólo vive

conmigo un joven sobrino con él que no me puedo desahogar como contigo. y,

estando casi solo, me pongo trágico y pienso en tonterías. ¡Muchísimas gracias

por tu visita! Y recuerda que me tienes que venir a visitar en una próxima ocasión.

-¡Cuenta con ello, te llamaré pronto y te traeré más cuentos de mi repertorio! -le

dijo sonriente el simpático profesor.

Así que le dijimos adiós al convaleciente médico. En el coche, ya de regreso, le

comenté al profesor que me había parecido muy atinado todo lo que le dijo.

Al llegar a mi casa, me quedé meditando sobre el inmenso valor que tiene un buen

amigo que nos ayuda a salir de un momento crítico por el que todos podemos

pasar. Como se lee en el Libro de Job: “Al amigo que sufre se le consuela, aunque

se haya olvidado del Todopoderoso” (Job 6, 14). Y en los Proverbios también se

lee: “El bálsamo y el perfume alegran el corazón; los consejos del amigo alegran el

alma” (Proverbios 27, 9).

¿ME DEJO EDUCAR?

Pbro. José Martínez Colín


1) Para saber

“No hay escuela igual que un hogar decente y no hay maestro igual a

un padre virtuoso”, esta frase de Mahatma Gandhi nos señala el lugar

primordial que ocupa la familia para la transmisión de los valores.

Una cuestión decisiva, señala el Papa Francisco, es la educación para

adquirir la actitud interior, que nos permita comprender los símbolos

litúrgicos. Por ejemplo, la que imparten los padres y abuelos, o los

párrocos y catequistas: “Muchos de nosotros aprendimos de ellos el

poder de los gestos litúrgicos, como la señal de la cruz, el arrodillarse o

las fórmulas de nuestra fe… podemos imaginar el gesto de una mano

más grande que toma la pequeña mano de un niño y acompañándola

lentamente mientras traza, por primera vez, la señal de nuestra

salvación. El movimiento va acompañado de las palabras, también

lentas: «En el nombre del Padre... y del Hijo... y del Espíritu Santo...

Amén». Para después soltar la mano del niño y, dispuesto a acudir en su

ayuda, ver cómo repite él solo ese gesto” (Carta 29 Junio 2022, n.47). A

partir de ese momento, ese gesto nos pertenece o, mejor dicho,

pertenecemos a ese gesto, somos formados por él.

No es necesario entender todo sobre esos gestos, dice el Papa, pues

el Espíritu Santo obra en nosotros, solo se requiere ser dóciles como un

niño ante su maestro.

2) Para pensar

Hay una carta a su hija pequeña del escritor Francis Scott Fitzgerald,

quien es autor de obras como "El gran Gatsby". En ella procura darle

unos consejos para la vida. Su hija guardó siempre esa carta, que

publicó años después.

En la carta le manifiesta su interés por sus tareas, y le expresa su

convicción en vivir las virtudes. Le señala en qué cosas debe

preocuparse y de cuáles no: Cosas de las cuales preocuparse: por el

coraje, por la limpieza, por la eficiencia... Cosas de las que no hay que

preocuparse: por la opinión general, por las muñecas. No te preocupes

por el pasado, ni por el futuro. No te preocupes por el crecimiento, ni si

alguien te saca ventaja. No te preocupes por la victoria, ni por la

derrota. No te preocupes por los mosquitos, ni por las moscas. No te


preocupes por los insectos en general. No te preocupes por tus padres.

No te preocupes por los varones, ni por las decepciones. No te

preocupes por los placeres, ni por las satisfacciones.

En cambio, le dice las cosas en las cuales ha de pensar: ¿Qué es lo

que realmente estoy buscando? ¿De verdad entiendo a la gente y soy

capaz de llevarme bien con ella?

Pensemos si procuramos educar los verdaderos valores con nuestro

ejemplo y palabras.

3) Para vivir

En la educación ocupa una parte esencial la actitud del que aprende.

El Espíritu Santo siempre está dispuesto a dar sus lecciones, pero es

preciso estar dispuesto a seguirlas. Para ello se requiere ser como

niños: abiertos a lo que se les enseña. Un peligro es la soberbia de

quien no está dispuesto a que le digan lo que debe hacer.

El Papa Francisco señala la importancia de ser introducidos desde

niños al lenguaje simbólico, lo cual es una riqueza al permitirnos

trascender lo inmediato y llevarnos a un plano espiritual. Un tesoro del

que no podemos permitir que nos lo roben. Es de desear que vivamos

con esa actitud humilde para aprender. (articulosdog@gmail.com)

EVITAR SER ANALFABETA

Pbro. José Martínez Colín

1) Para saber


Con la proliferación de la comunicación a través de mensajes, se han

popularizado muchos símbolos que representan emociones o

expresiones. Por ejemplo, se envía el símbolo XD, para expresar risa a

carcajadas, pues si lo giramos 90° a la derecha se asemeja a la

representación de una cara con la boca muy abierta y los ojos apretados

fuertemente como síntoma de una fuerte carcajada.

En la Liturgia, señala el Papa Francisco, se utilizan muchos símbolos

que representan realidades profundas y que es necesario aprenderlos y

comprenderlos. Decía el pensador alemán Romano Guardini: «Se

delinea la primera tarea del trabajo de la formación litúrgica: el hombre

ha de volver a ser capaz de símbolos».

2) Para pensar

Existe el peligro de no aprender a leer lo que los símbolos me

representan, y quedarme analfabeta, como dice el Papa. Y no solo se

refiere al ámbito litúrgico, sino también con realidades cotidianas. Por

ejemplo, con algo tan cercano como es el cuerpo humano, el cual es un

símbolo, porque no sólo es algo material, sino que está unido a un alma

espiritual, que es superior al cuerpo. El alma humana se deja “ver” a

través del cuerpo y hemos de saberla descubrir.

Si nos quedáramos solo con lo que vemos del cuerpo, estaríamos

empobreciendo a la persona no considerando lo valiosa que es con su

alma. Eso sucede con la pornografía, que invita a limitarse a ver lo

corporal olvidándose de lo espiritual, es decir, no deja ver a la persona

completa, es una invitación a ser analfabeta al no descubrir la belleza

espiritual de la persona. Además la pornografía reduce a la persona a un

objeto de placer, rebajando la dignidad de la persona que es digna de

amor, no de ser usada.

El ser humano tiene la capacidad de conocer, a partir de las cosas

sensibles, realidades que van más allá de ellas mismas, que las

trascienden. Si dejáramos de ver más allá de lo sensible nos llevaría a

un desconocimiento no sólo de Dios, sino también de nosotros mismos.


Eso sucede cuando se exagera la importancia del cuerpo y se le dedica

demasiado tiempo a su cuidado, dándole casi un culto.

Pensemos si, nosotros mismos, no nos estaremos preocupando

demasiado de nuestro cuerpo y, sin embargo, no le demos la debida

importancia al estado de nuestra alma.

3) Para vivir

Si se logra comprender el valor simbólico de las criaturas, también se

comprenderá el lenguaje simbólico de la Liturgia. No es extraño que los

santos han sabido contemplar las criaturas y descubrir en ellas la mano

de Dios. El Papa Francisco nos invita a tener la mirada de San Francisco

de Asís, quien llamaba hermanos al sol, la luna, los pájaros… Los veía

asombrado como criaturas de Dios, llenos de belleza y esplendor, que le

hacía levantar su voz en alabanza a Dios.

No se puede renunciar al lenguaje simbólico porque es el que la

Santísima Trinidad ha elegido para llegar a nosotros en la carne del

Verbo. Se trata más bien de recuperar la capacidad de comprender los

símbolos. Dice san Josemaría: “Todo, hasta el más pequeño de los

acontecimientos honestos, encierra un sentido humano y divino”

(Amigos de Dios, n 125). Y a cada uno nos corresponderá, con la ayuda

del Espíritu Santo, saber descubrirlo. (articulosdog@gmail.com)

sábado, 19 de noviembre de 2022

PARA DAR GLORIA A DIOS EN LA LITURGIA

Pbro. José Martínez Colín

 

1)  Para saber

En la historia del arte no es difícil encontrar artistas que solo después de que murieron fue reconocida su grandeza. Uno de ellos fue Vincent Van Gogh. A pesar de pintar mucho, se cree que más de 900 obras, apenas si pudo vender unas cuantas en pocos francos. Pintaba por amor al arte. Sin embargo, ahora se ha llegado a pagar más de 100 millones de euros por una sola obra suya. Al mirar una de sus pinturas, se puede reconocer al autor por su estilo inconfundible.

Al artista se le reconoce por sus obras. También al mirar la creación, podemos conocer a su Autor. Dice el Papa Francisco que en la creación podemos descubrir, no solo el infinito poder y belleza de Dios, sino también y sobre todo, su amor tan grande, al querer compartir la maravilla de existir. Lo creado, en toda su bondad y grandeza, es el espejo de la “gloria de Dios”: es como un glorioso resplandor de la gloria de Dios, a través del cual podemos conocer al Dios Creador.

2)  Para pensar

Cuenta un historiador que cuando Vincent van Gogh iba a la escuela, el profesor sabía perfectamente si había hecho o no su tarea, porque, si no la había hecho le llevaba flores en la mano. Como tenía poco dinero, el artista robaba las flores de un jardín por el que pasaba y probaba entregar éstas en lugar de sus deberes. Esto pone de manifiesto el carácter sensible que tenía el artista. También cuando se enamoró de Agostina Segatori, de la que hizo un retrato, por no tener con qué comprarle flores, le pintaba un ramo de flores. Ponía su arte al servicio de su amor.

La creación, comenta el Papa, toda ella, es una manifestación del amor de Dios. Su finalidad es mostrar la gloria de Dios. Cuando el Hijo de Dios se hizo hombre, asumió también la misma materia y con su cuerpo dio gloria a Dios, llegando a su plenitud con su obediencia en la Cruz, en donde toda la creación fue atraída y asumida por Él para dar la gloria a Dios.

3)  Para vivir

Dar gloria a Dios, dice el Papa, no le añade algo a la belleza de la luz donde habita Dios, quien ya es perfección absoluta e infinita. Darle gloria significará que cada ser manifieste esa perfección a su modo, así como una pintura muestra la genialidad del artista. La creación irracional da gloria a Dios por el mismo hecho de existir, al desarrollarse según su propia naturaleza, según su modo de ser. Un manzano lo glorifica dando manzanas. Los hombres también han de dar esa gloria según su modo de ser, es decir, racional, libre y conscientemente. Aquí es donde interviene la liturgia, la cual le facilita y proporciona al hombre la manera adecuada, propia y perfecta para hacerlo.

La Liturgia da gloria a Dios porque nos permite, aquí en la tierra, ver a Dios en la celebración de los misterios y, al verlo, revivir por su Pascua: nosotros, que estábamos muertos por los pecados, hemos revivido por la gracia con Cristo (cfr. Ef 2,5). San Ireneo nos recuerda: «La gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios». Todos fuimos creados para dar gloria a Dios, consiguiendo así nuestra felicidad. Los santos, que ya gozan de Dios, son quienes más gloria a Dios han dado y son, a la vez, los más felices. (articulosdog@gmail.com)