sábado, 18 de enero de 2020

SARAH, BENEDICTO XVI Y LA UNIDAD DE LA IGLESIA

P. Mario Arroyo,
Doctor en Filosofía.
p.marioa@gmail.com

Recientemente ha habido una controversia mediática protagonizada por altas autoridades eclesiásticas del Vaticano. Con motivo de la publicación del libro “Desde lo más profundo de nuestros corazones”, firmado originalmente por el Papa Emérito, Benedicto XVI y el Cardenal Robert Sarah –así apareció en la edición francesa el pasado 15 de enero- para después estar firmado sólo por el Cardenal Sarah, contando con la colaboración, no la coautoría, de Benedicto XVI. 


La tensión del evento no se disimuló, más bien al contrario, pues parecía la punta del iceberg de dos concepciones diversas, cuando no antagónicas de la Iglesia. Pondría en la palestra a “Bergoglianos” y “Ratzingerianos”, que mostrarían sus músculos y enseñarían los dientes.

La versión oficial final fue que se trató de un simple malentendido, salvando la buena fe del Cardenal. En las siguientes ediciones aparecería firmado solamente por el Cardenal, contando con la colaboración de Benedicto XVI. Parece un gesto prudencial del Papa Emérito, pues no quiere dar la impresión de hacer presión o de ejercer una especie de “magisterio paralelo” al de Francisco, que pudiera interpretarse como una especie de disidencia dentro de la Iglesia.

Benedicto XVI sabe, como no podría ser de otra forma, que Jesucristo mismo, en el momento solemne de la Última Cena, oró expresamente al Padre pidiendo por la unidad de quienes, a lo largo de los siglos, creyeran en Él: “Padre, que todos sean uno, como Tú padre en Mí y Yo en Ti, para que el mundo crea”. 

La Unidad de la Iglesia es un valor que se debe salvaguardar por encima incluso de cuestiones tan importantes como la que ha dado lugar a esta confusión: el celibato sacerdotal.

Efectivamente, el libro podría poner en una situación embarazosa a Francisco, que tiene pendiente sacar una Exhortación Apostólica Postsinodal con ocasión del Sínodo del Amazonía, donde una amplia mayoría de obispos sugirió al Pontífice la posibilidad de ordenar sacerdotes a diáconos permanentes indígenas casados del Amazonía. 

Es decir, hacer una excepción a la disciplina del celibato por razones pastorales, para no dejar si eucaristía por mucho tiempo a las comunidades amazónicas alejadas. Si el Papa Emérito da una opinión en un sentido contrario a la mente del Papa reinante, de alguna forma lo condiciona y ejerce una fuerte presión sobre él, porque disentir abiertamente evidenciaría una división en el seno de la Iglesia, pudiéndose polarizar los bandos. 

La realidad, en cambio, es que no hay dos bandos en la Iglesia, hay un solo Papa, que es quien goza de la asistencia del Espíritu Santo y quien es responsable del Magisterio Auténtico. 

La precisión de Benedicto XVI es entonces particularmente oportuna, para dejar manos libres a Francisco en esta cuestión, sin hacerle sombra o presión.

El affaire tiene lugar, además, a las puertas de celebrar el “Octavario por la Unidad de los Cristianos”, que cada año se celebra del 18 al 25 de enero, fiesta litúrgica de la Conversión de San Pablo, donde cristianos de diferentes confesiones nos reunimos para implorar de Dios el don de la unidad, a través de la oración, el trato mutuo y las obras de misericordia en común. 

En efecto, los cristianos de las diferentes denominaciones son conscientes de que el espectáculo de la división entre los seguidores de Cristo es contrario a la voluntad expresa de Jesús y un escándalo que dificulta la transmisión del Evangelio. 

Es preciso, si queremos ser fieles a las enseñanzas de Jesucristo y crecer exponencialmente en cuanto a la eficacia evangelizadora se refiere, dar pasos firmes y decididos, lentos quizá, en orden a conseguir de Dios esa unidad. 

Sería realmente lamentable que, en lugar de alcanzar la unidad entre diferentes confesiones cristianas, se produjera la fragmentación dentro de la confesión católica; sería como una ironía, una broma cruel.

Benedicto XVI, fiel a su decisión clara al momento de renunciar, ofrece así su opinión acerca de un tema tan delicado, como puede ser hacer una excepción a la disciplina del celibato, pero evitando lo más posible la impresión de representar un “magisterio paralelo”, una resistencia o una oposición al único magisterio de la Iglesia, el de Francisco. 

Al hacerlo manifiesta una exquisita prudencia, que no podemos sino alabar, máxime las condiciones de salud y limitación física que ahora padece. Podemos aprovechar la coyuntura litúrgica, el “Octavario por la Unidad de los Cristianos” para construir, con nuestra oración, actitudes y comentarios, la tan ansiada unidad, entre todos los que confiesan a Jesucristo como Dios, y en el seno de la Iglesia católica.

Para alcanzar el don de la unidad a veces será preciso el sacrificio de nuestra opinión personal, ofreciendo el religioso obsequio de nuestro entendimiento, a lo que el Magisterio del Papa establezca formalmente. Benedicto XVI es el primero en dar ejemplo en esta dirección.

miércoles, 15 de enero de 2020

PODER, DINERO Y FELICIDAD, ¿PARA QUÉ?

Mtro. Rubén Elizondo Sánchez,
Departamento de Humanidades de la
Universidad Panamericana. Campus México.
rubeliz@up.edu.mx

Caminaba por un palacio dorado. Cristales, vitrinas deslumbrantes y escaparates multicolores. Me parecía un montón de luciérnagas a quienes no les faltaba nada, pero vagaban en busca de algo. Criaturas sorprendentes. Un caos ordenado. Mientras más tienen más quieren, pensaba. Barriles sin fondo. Tal vez en busca de felicidad.

Me daban ganas de comprarlo todo. Porque siempre escuchas un mensaje que te dice: “te falta esto y aquello”. El cerebro no para. Se asemeja a una máquina para hacer dinero. ¿Qué nos impulsa? En realidad, es la emoción del deseo la que nos mueve para poseer un bien que esconde alegría y gozo. Pero antes, debes creer que no estás satisfecho.

Quizás sea el síntoma de otra enfermedad. Y es que resulta muy fácil perder el equilibrio cuando se nos encaja una saeta de marketing. ¿Será viable vivir así? Finalmente moriremos sin llevarnos nada de este mundo.

“Aquí yace Humberto Romero”, se lee en el epitafio. Y continúa, “De joven perdió la salud por conseguir dinero. De viejo perdió el dinero por conseguir la salud".

Aquí, sin salud, y sin dinero yace Humberto Romero”. Siempre me he preguntado ¿por qué somos así?

La encrucijada que vivimos es histórica. La provocación al medio ambiente es tan profunda que nos compromete a intervenir. La codicia es desmesurada, el afán desordenado de bienes reclama la intervención del poder y del dinero para no perder el sendero de la felicidad y mantener el equilibrio ecológico.

Creamos cultura, pero no podemos vivir eternamente. Este mundo es transitorio, somos fugaces y lo olvidamos. Anhelamos la sensación de felicidad a través de la posesión de bienes materiales. Los animales consumen únicamente lo que necesitan, pero el ser humano quiere más porque no se satisface con lo que ya dispone.

Queremos cada vez más, más, y más... ¿será el secreto del éxito y de la felicidad? La inclinación a la codicia es muy fuerte y la avaricia es excesiva. Presenciamos y padecemos un fenómeno interesante.

Solo hay una salida: la autolimitación, el autocontrol, encontrar el justo medio en el uso de los bienes materiales. El ejercicio de las virtudes de la templanza y la fortaleza es cada vez más importante. No se puede poseer todo. ¿Cómo reacciono cuando otro tiene más? Conjeturas de fin de año y vislumbres del futuro ya presente.

Me decía un conocido: “yo cai en eso del consumismo, pero un dia desperté y me di cuenta que no me satisfacía, dejé mi trabajo esclavista que tenia, cancelé tarjetas de crédito y puse un negocio. No me voy a hacer rico con él, pero tengo tiempo para ver a mis hijos. 

Dejé el auto y me volví a comprar una bicicleta, ahora mis hijos salen conmigo los domingos a carretera y en familia, y sí cambió mi vida para bien. El materialismo lo único que hace es frustrar a la persona y la vuelve deprimida, grosera, insatisfecha, infeliz. bueno ahora me siento muy bien”.

El éxito se encuentra en la felicidad. Sin embargo, es muy escurridiza cuando se debilita nuestra mirada y se dirige exclusivamente hacia los bienes perecederos y caducos.

miércoles, 8 de enero de 2020

LOS ABORTOS DESHUMANIZAN COMO LE SUCEDE A LOS ASESINOS SERIALES

P. Mario Arroyo,
Doctor en Filosofía.
p.marioa@gmail.com

Muchas personas, con una mezcla de perplejidad y tristeza, escuchamos cómo la actriz Michelle Williams atribuía a su “derecho a decidir”, un eufemismo del aborto, el poder recibir un “Globo de Oro”. Gracias al aborto pudo obtener un premio. Gracias a su defensa del aborto, con perorata política y feminista aneja, su discurso trascendió. Mostrando así cómo aborto y fama van de la mano. Más surrealista fue escuchar los fuertes aplausos y la emoción de las “estrellas” de Hollywood, celebrando su “decisión” y su “valentía”; celebrando la muerte…


Muchas cosas bullen en la mente al observar este espectáculo esperpéntico. Quizá la más trágica sea la mentira. Michelle Williams, por la dinámica de su discurso, cree que es una obligación moral y una forma de agradecer a la vida, poder compartir su historia con el público.

¡Incluso agradece a Dios gozar de la libertad de eliminar seres humanos! Digamos que sería como parte de su responsabilidad social despertar a las mujeres, para que exijan sus derechos y participen de forma consciente, con espíritu de cuerpo, en la vida pública. Es decir, está totalmente convencida de su fatal error. De que no se debe mirar con resignación lo que “pasa en su cuerpo”, debiendo en cambio “tomar sus decisiones”. El error y la mentira se han apoderado de su mente, y por ello hace tan brava y orgullosa defensa del aborto-éxito.

Michelle Williams tiene la convicción de haber elegido bien, de reclamar el aborto como requisito de la dignidad y la libertad de la mujer, de considerar a su hijo, al embrión como un tumor, como algo que sucede en su cuerpo… todo ello es una dolorosa mentira, un lamentable error del que ella no se percata. Por eso habla con convicción y busca promoverlo. Al hacerlo despierta multitud consideraciones, suscita incógnitas interesantes.

Del lado de quien aborta, por ejemplo, que no viene garantizado, como parte del paquete, la “depresión post-parto”. En efecto, la actriz se ve todo menos deprimida. No parece anclada en el pasado; al contrario, considera el evento como un hecho colateral, y si lo recuerda es para convencerse y convencernos de que hizo bien, eligió correctamente. ¡Qué bueno que no cayera en la depresión!, aunque, pensándolo bien… ¿quién sabe? ¿Acaso será bueno terminar con la vida de un individuo vivo de la especie humana y quedarse tan campante, como quien se ha quitado una muela? El dolor, el sufrimiento moral, el sentimiento de culpa es manifestación de que somos humanos. 

Los psicópatas y asesinos seriales no sienten remordimientos al matar, han perdido esa capacidad, se han deshumanizado. Al ver el discurso de Michelle y los aplausos de Hollywood, no podemos sino sentir pena por ellos, “se han deshumanizado” … ¿o quizá son los primeros especímenes de posthumanos?

El discurso y los aplausos muestran también el engaño de la narrativa abortista o “pro-elección”. ¿Por qué? ¿En qué se basa esa narrativa? “En las pobres mujeres violadas que eran condenadas a tener el niño fruto de ese horrendo crimen”. ¿Qué suelen afirmar? “Nadie quiere el aborto, siempre es una solución límite, lamentable, pero no se debería criminalizar a quien lo practica, y debería estar permitido, para poderse realizar con higiene y no clandestinamente”.

Pero, según se puede ver, aquí se “festeja un aborto”, se festeja el poder de decisión de la mujer, capaz de determinar quién puede vivir y quién no. Michelle Williams decidió que su hija de 14 años y el que ahora viene en camino merecen vivir, en cambio el de en medio no, por inoportuno, ¿quién le manda venir al mundo a mitad de la grabación de una exitosa serie?

No es entonces el aborto algo que nadie quiere, que se tolera, una solución límite, válvula de escape en una sociedad imperfecta. No, el aborto es la puerta que me abre las puertas del éxito. Mi éxito justifica que yo “interrumpa” la vida humana (por usar su eufemismo), sin que se pueda, obviamente, “reanudar”. Si yo quiero controlar mi vida debo tener el derecho a matar (porque está vivo y es de la especie humana, eso no se puede negar). 

No se ve mucha diferencia respecto al argumento del sicario, mafioso o narcotraficante en turno: “no tengo nada en tu contra, pero ahora tu vida estorba mis propósitos, no es nada personal, pero debes morir para que yo alcance mis metas”. 

Iniciamos la década celebrando la “libre decisión”, celebrando que los galardones, los premios, los logros, los éxitos personales son más importante que la vida ajena; pesó más en la balanza un trofeo que la vida humana. Comenzamos la década descubriendo, dolorosamente, que para los creadores de la opinión pública mundial la vida vale menos que un premio.

MANDARINAS. ¿EL DERECHO A MATAR?

Mtro. Rubén Elizondo Sánchez,
Departamento de Humanidades de la
Universidad Panamericana. Campus México.
rubeliz@up.edu.mx

Georgia, la antigua República Socialista Soviética se convirtió en un Estado independiente en 1991, después de la caída de la Cortina de Hierro. Abjasia, un estado autónomo dentro de Georgia fue incorporada a ese nuevo estado. 


Sin embargo, los roces étnicos entre los georgianos y abjasianos encaminaron a que Abjasia declarara unilateralmente su independencia. En 1992, detona la guerra contra Georgia.

Mandarinas, muestra una genuina lección de vida en medio de una guerra sin sentido. El film es un modelo que invita a la esperanza sobre la disposición humana para la hermandad y la convivencia entre distintos grupos. El amor fraternal, a pesar de las diferencias, se entiende como una salida optimista que estremece y conforta.

Ivo y Margus, originarios de Estonia, trabajan en la producción y cosecha de mandarinas en una finca de su propiedad, situada en una parte de terreno en el que se de desarrolla la guerra.

Después de un breve encuentro militar en los alrededores de la parcela, Ahmed y Nica --dos soldados de bandos opuestos— quedan heridos en el sendero mientras que los demás compañeros pierden la vida.

Ivo los atiende en su casa, cura las heridas, llama a un médico. Los cuida en su convalecencia hasta la recuperación total mostrando un lado profundamente humano, salpicado y acompañado por el cuidado de los pequeños detalles cotidianos.

En casa de Ivo una escena revela el profundo odio entre Ahmed y Nica. El primero jura matar a su enemigo. Después de brindar a favor de la muerte, Ivo le pregunta ¿quién te dio el derecho a matar? Contradictorio pero elocuente: da lo mismo exterminar en un lugar que en otro.

A lo largo del film, en el interior de la casa y mientras transcurre la
rehabilitación se proyecta todo un elenco sorprendente de valores humanos como paciencia, buen humor, diálogo, integridad personal, respeto a la palabra dada, fraternidad, hermandad, valor, amabilidad y solidaridad.

Fuera del hogar de Ivo se muestran escenas de la cosecha de mandarinas y otros incidentes violentos. En el interior de la casa, paz y tranquilidad en medio del conflicto étnico que parece estallar entre los dos soldados en cualquier momento.

Trama y contenido suficiente para pensar, examinar y ponderar. Especialmente en el tiempo de Navidad, nos ofrece una oportunidad de reflexión.

LA DIGNIDAD DEL CUERPO FEMENINO

Pbro. José Martínez Colín,
articulosdog@gmail.com

1) Para saber

Cuenta el famoso escritor inglés Chesterton que un día viajaba en un autobús con muchos pasajeros. Era un día frío de niebla y todos iban callados y aburridos. En eso se subió una madre joven llevando en brazos a su niño pequeño muy gracioso. La madre era simpática y la comunicación entre ambos era tan alegre que los pasajeros se contagiaron de esa alegría y ya hablaban y reían. Concluía el escritor que en el viaje de la humanidad todo era tristeza y aburrimiento.


Pero un día se subió una Madre con su precioso Niño. Fue un 25 de diciembre, Jesús en brazos de su Madre, María, y todo cambió.

La presencia de María propició un cambio en el mundo. La Sagrada
Escritura nos dice que «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Ga 4,4). Comenta el Papa Francisco, que Jesús no apareció en el mundo como adulto, sino que fue «concebido» en el vientre de la Virgen: “allí hizo suya nuestra humanidad, día tras día, mes tras mes. En el vientre de una mujer, Dios y la humanidad se unieron para no separarse nunca más. 

Ahora, en el Cielo, Jesús vive en la carne que tomó en el vientre de su madre”. Ello nos hace vislumbrar la gran dignidad que tiene la mujer y su cuerpo.

2) Para pensar

El primer día del año comienza con una celebración dedicada a la Madre de Dios. Durante el año hay varias celebraciones dedicadas a la Virgen María. La del primero de enero fundamenta las demás:

Madre de Dios.

“Nacido de mujer”, señala San Pablo. María es mujer y madre. De ella, mujer, surgió la salvación y, por lo tanto, no hay salvación sin la mujer. Allí Dios se unió con nosotros y, para unirnos con Él, debemos ir a través de María.

El renacer de la humanidad comenzó con la mujer, que es fuente de vida. Sin embargo, no siempre se respeta a la mujer e incluso se llega eliminar la vida que lleva en el vientre. 

Cuántas veces, dice el Papa, el cuerpo de la mujer se sacrifica en los altares profanos de la publicidad y la pornografía: es una profanación, pues Dios nació de  una mujer. 

El cuerpo de la mujer ha de ser liberado del consumismo, debe ser respetado y honrado. Es la carne más noble del mundo, pues concibió y dio a luz al Amor que nos ha salvado. La salvación para la humanidad vino del cuerpo de una mujer: de cómo tratamos el cuerpo de la mujer comprendemos nuestro nivel de humanidad, indicó el Pontífice. Pensemos, ¿qué grado de humanidad tengo?

3) Para vivir

«María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2, 50). María tomaba en serio las cosas y las ponía en su corazón. Es propio de la mujer tomarse la vida en serio, dice el Papa, y nos invita a pedir la gracia de tomar en serio a los demás, de que nos importe la dignidad de toda mujer.

La mujer tiene como misión la generación y protección de la vida, ocuparse de todo dándole sentido y poniendo armonía. Es ella la que nos enseña a amar con ternura, y que hace que el mundo sea una cosa hermosa, comenta el Papa. Cuando las mujeres transmiten sus dones, el mundo se encuentra más unido y más en paz.

Al comenzar este nuevo año, veamos qué tenemos en el corazón, si tenemos al Señor o son otros intereses, como la riqueza, el placer o el poder. Confiamos este año a nuestra Madre, para que lo custodie en su corazón.

jueves, 2 de enero de 2020

¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO DEL TIEMPO?

P. Mario Arroyo,
Doctor en Filosofía.
p.marioa@gmail.com

El tiempo es una de las realidades más fascinantes, misteriosas y que mayormente han seducido al intelecto humano. Normalmente, el ocaso de un año y el amanecer del nuevo nos invitan a tomar conciencia con mayor viveza de la temporalidad y, correlativamente, de nuestra finitud y limitación. 


Tal conciencia adquiere diversas formas, como la angustia por la fugacidad de la vida, la nostalgia por el pasado o la incertidumbre ante el futuro. Desde diversos ángulos el hombre ha deseado enmarcarlo dentro de un discurso comprensible: así, puede haber un acercamiento físico, filosófico, teológico, literario, psicológico, o popular a través de “memes”, a la realidad del tiempo. El cual permanece siendo una realidad abierta, abordada por pensadores de
la talla de San Agustín o Einstein.

Aquí, con ocasión del año que inicia, nos contentaremos con ofrecer unas fugaces reflexiones de matriz teológica sobre el tiempo. El Nuevo Testamento fue escrito en griego y utiliza dos términos para referirse a la temporalidad: “kronos” para describir el sucederse de años, horas, minutos y segundos, es decir, el inmisericorde recorrido de las manecillas del reloj; “kairós” para referirse al “tiempo de salvación”, es decir, esos momentos de particular intensidad que se manifiestan cruciales en nuestra vida. 

El primer “tiempo” hace su recorrido con normalidad, incluso puede expresarse con la “cámara rápida”, mientras que el segundo transcurre a “cámara lenta”, es el tiempo vivencial de los momentos estelares de nuestra existencia.

Así, “cronos” describe una magnitud física, mientras que “kairós” supone una dimensión existencial antropológica. Propiamente “kairós” es un tiempo de gracia en sentido teológico. La narrativa de la fe, es decir, la epopeya de la aventura de Dios con los hombres, se configura como “historia de la salvación”, o el conjunto de los “momentos salvíficos”; aquellos instantes donde la eternidad toca la temporalidad, donde lo divino se entrelaza con lo humano, de forma que dirigen la historia hacia su consumación y le otorgan un sentido. El “kairós” es, en efecto, la realidad que permite otorgarle sentido a la historia en su conjunto y a nuestras vidas en particular, frente al mero transcurrir repetitivo, propio del “cronos”, carente de significación.

El ocaso de un año y el amanecer del otro, dentro de nuestra cultura, pueden adquirir así una doble significación, según el “cronos” y el “kairós”. Por un lado, indica únicamente el evento cosmológico según el cual la Tierra ha cumplido un nuevo ciclo alrededor del Sol, en su órbita elíptica. 

Por la dimensión geométrica de este recorrido (una elipse), no tiene principio ni fin, siendo puramente convencional el punto que se toma de referencia y que viene a constituir el Año Nuevo. Por el modo de computarlo, hace una referencia al “kairós”, dado que estamos en el 2020, ¿según qué referencia?, según la venida de Cristo, es decir, el instante en el cual lo divino y lo humano se tocaron en un momento y lugar del espacio-tiempo.

Es verdad que ahora se tiende a utilizar la expresión “de nuestra era” en vez de “después de Cristo”, como forma convencional, más aséptica, secular y políticamente correcta. Muy bien, pero ¿a partir de qué evento comienza “nuestra era”? A partir del Nacimiento de Cristo. Decir “nuestra era” es un circunloquio que busca, sin demasiado éxito, disimular cómo la dimensión religiosa es necesaria para otorgar una perspectiva trascendente a nuestro tiempo o, dicho de otro modo, desde el momento en que somos personas y no cosas, necesitamos del “kairós”, siendo el “cronos” marcadamente insuficiente. No nos basta el tiempo físico, necesitamos el salvífico, por eso la conciencia viva del paso del tiempo amerita una fiesta, como lo es la de fin de año.

Para complicar la cuestión está el hecho de que, en realidad, Cristo nació aproximadamente en el año 7 antes de Cristo. El “Año del Señor” se comienza a computar desde el siglo VI, siendo el monje bizantino Dionisio el Exiguo el encargado de hacer el cálculo de los años que habían transcurrido a partir del nacimiento de Jesús, errando al hacerlo. 

En cualquier caso, años más o años menos, se pone a Jesús como fulcro de la historia, o “la plenitud de los tiempos” por usar una expresión bíblica. Y de ahí la fiesta, pues supone proclamar que la historia tiene un sentido, una finalidad, que la eternidad ha irrumpido en la misma dotándola de significación. 

Así la historia y con ella nuestra vida, no es un maro transcurrir, absurdo y sin sentido, una paciente espera del ocaso y de la muerte, sino un encaminarnos hacia algo más grande que nosotros. La optimista e ingenua idea del progreso no es sino la secularización de la perspectiva cristiana. Sea por el progreso o por la “escatología” (narrativa cristiana del final de la historia), nuestra vida y el mundo tienen un sentido y un significado, de ahí que la fiesta de año nuevo sea la actitud adecuada para celebrarlo.

miércoles, 1 de enero de 2020

2020: UNAS REFLEXIONES AL COMENZAR UN NUEVO AÑO

Pbro. José Martínez Colín,
articulosdog@gmail.com

1) Para saber

La Navidad es la fiesta de la infinita Misericordia de Dios, decía San Agustín. El Papa Francisco lo recordó para invitar a vivirla, con una actitud de gratitud por recibir misericordia y de conversión para vivirla.


En un mensaje navideño, el Papa Francisco se dirigió a la Curia Romana haciendo un acróstico en italiano con la palabra “misericordia”. Con cada una de sus letras nos aconseja una virtud.

2) Para pensar

El acróstico de misericordia es el siguiente:

Con la letra “m”, nos propone la “misionariedad”. Sabernos con una misión en la vida dada por el Buen Pastor. Nuestros actos serán fecundos si contribuyen a esa misión.

Respecto a la letra “i”, señaló la “idoneidad y sagacidad”. Es preciso esforzarnos en prepararnos para cumplir correctamente nuestros deberes, con sagacidad, sabiduría y creatividad. Advirtió que la idoneidad es contraria a las recomendaciones y los sobornos.

La letra “s” la asignó a “spiritualità”. Podemos crecer en espiritualidad dedicando un tiempo para Dios y así vernos protegidos de las tentaciones.

Francisco asignó la letra “e” a la “ejemplaridad y fidelidad”. Seamos ejemplo y fieles a nuestra misión, evitando los escándalos que hieren las almas y amenazan la credibilidad de nuestro testimonio.

La “r” corresponde a “racionalidad y amabilidad”. Hemos de obrar con nuestra razón, alimentada por la verdad, evitando los excesos emotivos. Pero sin olvidar ser amables.

La segunda “i” la asignó a la “inocuidad y determinación”. La inocuidad nos hace cautos en el juicio, para no obrar por impulsos.

Con la determinación nos decidimos obedecer a Dios en todo. La “c” corresponde a “caridad y verdad”. Vivir la caridad en la verdad y decir la verdad con caridad. Han de ir siempre unidas.

La “o” es de “onestà e maturità” (“honestidad y madurez”). Obrar con rectitud, sinceridad y coherencia. La madurez es el esfuerzo para alcanzar una armonía entre nuestras capacidades físicas, psíquicas y espirituales.

La segunda “r” del acróstico corresponde a “respetuosidad y humildad”. Respetar a los demás, al propio cometido, a los superiores y subordinados; saber escuchar atentamente y hablar educadamente. Con la humildad sabemos que sin Dios no poder hacer nada.

La letra “d” fue asignada a “dadivosidad”. Lo seremos si tenemos confianza en Dios y en su providencia, sabiendo que cuanto más damos, más recibimos.

La última “i” corresponde a “impavidez y prontitud”. Somos impávidos si no nos dejamos intimidar por las dificultades como David frente a Goliat. Con agilidad, sin apegarse a las efímeras cosas materiales, sin encerrarse en uno mismo.

La última letra del acróstico, la “a”, la asignó a “atendibilidad y sobriedad”. El atendible sabe mantener los compromisos con seriedad e irradia una sensación de tranquilidad, porque nunca traiciona la confianza que se ha puesto en él. La sobriedad capacita a renunciar a lo superfluo para centrarnos en lo esencial.

3) Para vivir

El Santo Padre alentó a profundizar, enriquecer y completar la lista propuesta. Con motivo del año nuevo podemos tomar algunos consejos, hacer nuestra propia lista y tener algo concreto en qué luchar.