sábado, 26 de septiembre de 2020

APRENDER A SOÑAR EN GRANDE

Pbro. José Martínez Colín,

articulosdog@gmail.com


1) Para saber

En diversos deportes de conjunto se puede observar la

importancia de que cada jugador realice bien su función. El Futbol

Americano es una muestra del trabajo en equipo, donde cada uno

realiza una función propia. Y aunque sea un jugador el que anota y

se lleva la ovación, ha sido gracias a la labor en conjunto que se

logró. Un corredor anota gracias a muchos que le abrieron paso. Se

observa la solidaridad entre todos.

Para salir mejor de la crisis, que no solo es sanitaria, sino también

social, política y económica, el Papa Francisco ha señalado que cada

uno de nosotros está llamado a asumir su parte de responsabilidad.

Se aplica el principio de subsidiariedad, consistente en no asumir el

papel del otro, ni dejar fuera a nadie de su participación, respetando

la capacidad de iniciativa de todos.

Todas las partes de un cuerpo son necesarias y, como dice San

Pablo, esas partes que podrían parecer más débiles y menos

importantes, en realidad son las más necesarias. Todos cuentan y

contando con todos hay esperanza en un futuro más sano y justo.

2) Para pensar

El pasado campeón de fútbol americano fue el equipo de Kansas

City, conocidos como los Chiefs. Un jugador de ese equipo que ganó

el Super Bowl es Harrison Butker. Hace poco tuvo un encuentro con

universitarios y les hizo una revelación personal: “Fuera de las luces

brillantes del estadio, con los fanáticos y la notoriedad que conlleva

ser un jugador de la NFL, el mayor impacto que haré con mi tiempo

en esta tierra es permanecer dedicado a mi vocación principal:

ayudar a mi familia a llegar al Cielo”.

Les hizo un llamado para que ellos también muestren con acciones

cómo es una vida centrada en Cristo. Los invitó a no ceder a la

presión social que lleva a otra dirección, sino ser la luz en el mundo

cada vez más oscuro. La fe, continuó Butker, no es algo que se

reserva a lo privado o para los domingos, sino para vivirla. Y contó

cómo gracias al ejemplo de un compañero universitario con un

profundo amor hacia Cristo, cuando estudiaba en Georgia Tech, le

animó a ser más activo en su fe católica. Gracias a ese consejo

reorientó su vida para centrarse en Dios. Así también cada uno puede

influir positivamente en los demás. Es necesario traer a Cristo de

regreso a nuestra vida diaria.

3) Para vivir

Durante el confinamiento, decía el Papa, nació de forma

espontánea el gesto del aplauso para los médicos y los enfermeros y

las enfermeras como signo de aliento y de esperanza. Muchos han

arriesgado la vida y muchos han dado su vida. Ahora, hay que

extender este aplauso a cada miembro del cuerpo social, a cada uno,

por su valiosa contribución, por pequeña que sea.

Es preciso que todos colaboramos para salir de la crisis, también

los llamados cuerpos intermedios: las familias, las pequeñas

empresas, las diversas expresiones de la sociedad civil… Porque o

todos juntos o no funciona. Así podemos tener esperanza y a

aprender a soñar en grande, a no tener miedo de soñar en grande,

ampliando nuestros horizontes y buscando los ideales de justicia y de

amor social que nacen de la esperanza.

viernes, 25 de septiembre de 2020

CARTA SOBRE EL BUEN SAMARITANO EN FASES CRÍTICAS Y TERMINALES DE LA VIDA

P. Mario Arroyo,

Doctor en Filosofía.

p.marioa@gmail.com


La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó la “Carta Samaritanus Bonus sobre el

cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida”, que viene a ser un llamado

urgente a recuperar el valor que la vida humana tiene en sí misma. En efecto, afirma sin ambages:

“La vida es siempre un bien. Esta es una intuición o, más bien, un dato de experiencia, cuya razón

profunda el hombre está llamado a comprender.”

Podría parecer algo evidente, sin embargo, una de las dolorosas consecuencias de la

descristianización masiva de la sociedad, de su secularización radical y vuelta al paganismo, es que

pierde el sentido del valor de la vida en sí misma, para valer únicamente con condicionamientos: la

vida placentera, la vida útil, la calidad de vida. Es decir, no vale por sí misma, sino por algún

añadido y, si carece de él, automáticamente pierde valor. La secularización neopagana resulta

totalmente incapaz de encontrar algún sentido al sufrimiento y, cuando no lo puede evitar, opta

por terminar abruptamente con la vida.

Aunque el documento apela a la razón, que debería ser capaz de descubrir el valor que la

vida tiene en sí misma, deja ver cómo la bruma de la confusión nubla esa misma razón cuando se

carece de la óptica de la fe. “Frente a lo inevitable de la enfermedad, sobre todo si es crónica y

degenerativa, si falta la fe, el miedo al sufrimiento y a la muerte, y el desánimo que se produce,

constituyen hoy en día las causas principales de la tentación de controlar y gestionar la llegada de

la muerte.” Sin la fe que amplíe a la razón, esta carece de las herramientas para integrar en un

conjunto de significado la realidad inevitable del dolor.

La razón necesita de la fe, para asumir en su realismo y crudeza la vida tal como es; si

carece de esa “vitamina intelectual”, naufraga en su cometido y opta fácilmente por suprimir la

vida. La mirada de la fe “es la mirada de quién no pretende apoderarse de la realidad de la vida,

sino acogerla así como es, con sus fatigas y sufrimientos, buscando reconocer en la enfermedad un

sentido del que dejarse interpelar y «guiar», con la confianza de quien se abandona al Señor de la

vida.”

La realidad de la eutanasia y del suicidio asistido muestran en toda su crudeza la

precariedad del valor de la vida humana cuando el hombre prescinde voluntariamente de Dios.

Son el fruto maduro de una sociedad secularizada y paganizada, donde la vida carece de sentido

en sí misma, solo vale el goce que pueda producir. “La muerte puede convertirse en ocasión de

una esperanza más grande, gracias a la fe…, el dolor es existencialmente soportable solo donde

existe la esperanza. La esperanza que Cristo transmite al que sufre y al enfermo es la de su

presencia, de su real cercanía. La esperanza no es solo un esperar por un futuro mejor, es una

mirada sobre el presente, que lo llena de significado.”

Resulta patente cómo necesitamos de la fe para redescubrir el valor de la vida. El texto

cita, de forma elocuente la reciente “Declaración conjunta de las Religiones Monoteístas

Abrahámicas sobre las cuestiones del final de la vida”, en la que judíos, musulmanes y cristianos se

oponen “a cualquier forma de eutanasia -que es el acto directo, deliberado e intencional de quitar

la vida - así como al suicidio médicamente asistido - que es el apoyo directo, deliberado e

intencional para suicidarse porque contradicen fundamentalmente el valor inalienable de la vida

humana.” La fe amplía la razón, la fe defiende la vida, cuando la sociedad carece de fe, pierde este

firme apoyo.

El texto desenmascara una serie de sofismas sugestivos: “Así como no se puede aceptar

que otro hombre sea nuestro esclavo, aunque nos lo pidiese, igualmente no se puede elegir

directamente atentar contra la vida de un ser humano, aunque este lo pida…, suprimir un enfermo

que pide la eutanasia no significa en absoluto reconocer su autonomía y apreciarla, sino al

contrario significa desconocer el valor de su libertad, fuertemente condicionada por la

enfermedad y el dolor, y el valor de su vida… la compasión humana no consiste en provocar la

muerte, sino en acoger al enfermo, en sostenerlo en medio de las dificultades, en ofrecerle afecto,

atención y medios para aliviar el sufrimiento.

La consecuencia pastoral es clara u dura a la vez: “quien ha pedido expresamente la

eutanasia o el suicidio asistido… ha realizado la elección de un acto gravemente inmoral... Se trata

de una manifiesta no-disposición para la recepción de los sacramentos.” No se pueden administrar

los sacramentos a quienes piden la eutanasia, ni siquiera es correcto acompañarlos en ese

momento, para que de ninguna forma pueda parecer que apoyamos su trágica decisión.

jueves, 24 de septiembre de 2020

ALGUNOS ASPECTOS DEL CARÁCTER DEL MEXICANO

Raúl Espinoza Aguilera,

@Eiar51

El mexicano suele tener simpatía en muchos países del orbe debido a

algunos elementos comunes en su personalidad:

1. Suelen ser abiertos, nobles, comunicativos, extrovertidos y

fácilmente tienden puentes de amistad.

2. Las personas del extranjero comentan que cuando asisten, por

ejemplo. a una reunión social y son presentados con varios

matrimonios o novios de México, se abre un cauce amistoso que

perdura con el tiempo.

3. Habitualmente, cuando son presentados, se interesan por la

lengua, las costumbres y la vida cotidiana del país de donde

proceden y así “se rompe el hielo” para dar paso a un trato de

mayor confianza. En otros países más cosmopolitas se observa

más indiferencia o distanciamiento.

4. Una chica universitaria comentaba que llegó a realizar sus

estudios hacia el segundo semestre del año; no conocía

prácticamente a nadie y temía una Navidad en solitario, cosa le

resultaba aburrida y desagradable. Al enterarse varios

matrimonios de este hecho, como la cosa más natural, la

invitaron a pasar la noche de Navidad y el Año Nuevo en sus

casas y dice que la pasó feliz por conocer más de fondo a una

familia mexicana y que fue una bella experiencia.

5. También comentan que el mexicano es emprendedor de nuevos

negocios y dedicado a su trabajo, aunque no existe ese afán de

competencia y tremenda rivalidad como sucede en algunos

países de Europa. Es decir, además de tener claro sus objetivos

profesionales, saben gozar de la vida.

6. Observan que el mexicano es festivo por naturaleza y que

cualquier cosa es ocasión de armar una buena fiesta,

independiente que sea un cumpleaños, santo o cualquier otro


suceso. Basta con que un grupo de amigos se reúnan el fin de

semana y se organiza un animado baile. Comentaba un joven

profesionista de Bélgica que en su país los festejos son muy

diferentes: los amigos simplemente se reúnen para conversar y

poco más. Y que, en cambio, en México aprendió a bailar

cumbia, salsa y demás ritmos tropicales.

7. En el pasado terremoto de hace algunos años, en que se

derrumbaron o resultaron gravemente dañados algunos edificios,

a muchos les llamó la atención la solidaridad de los matrimonios

mexicanos de recibir a personas que se quedaron sin hogar ni

vivienda.

8. México ejerce una particular atracción en la gente joven por la

cantidad de oportunidades laborales si trabajan bien, luchan por

superarse y son cada vez más eficaces. En un principio, yo

pensaba que abundaban los profesionistas de Latinoamérica,

pero a los rusos, los de Centro Europa, de Corea y Japón

reconocen que también sienten atracción por nuestro país.

9. A los extranjeros les encanta el folklore, las costumbres, los

platillos, los mariachis, la arquitectura colonial o típica, las playas

de nuestro país. Les asombra tanta riqueza cultural que

desconocían. A los europeos incluso les encanta el clima tan

agradable de México. Guadalajara, Querétaro, San Miguel de

Allende, Mérida, Morelia, Oaxaca y tantos pueblos mágicos son

lugares muy visitados y valorados.

10. Muchos universitarios y profesionistas que conocen México

por motivo de trabajo o de estudios, les capta de tal manera

tantas bellezas naturales que tienden a regresar para radicar

definitivamente en nuestro país. Me llamó la atención una

profesionista coreana, experta en alta cocina, que le gustó tanto

Oaxaca que decidió poner un pequeño restaurante con comida

coreana y mexicana y ha tenido buena aceptación.

Me parece que tenemos que valorar más lo que tenemos y que sigue

siendo verdadero el dicho “Como México, no hay dos”.

sábado, 19 de septiembre de 2020

DON LUKA BRAJNOVIC, UN INTELECTUAL EXCEPCIONAL

 DON LUKA BRAJNOVIC : UN INTELECTUAL EXCEPCIONAL

Raúl Espinoza Aguilera,

@Eiar51 

Conocí a Don Luka Brajnovic en enero de 1976 en la Facultad de Comunicación

en la Universidad de Navarra (España). Estábamos tomando un curso de

Posgrado para 25 Periodistas de América Latina..

Recuerdo que el Doctor Francisco Gómez Antón, también profesor, nos comentó

un día en el aula: “Aprovechen la sabiduría y los conocimientos de Don Luka

Brajnovic. Ya se irán enterando poco a poco de su gran personalidad”.

Así que aprovechábamos las pausas entre clase y clase, varios compañeros y yo,

para invitarlo a la cafetería con la finalidad de entablar lazos de amistad y que nos

fuera narrando su interesante y casi increíble vida.

Don Luka nació en Croacia en 1919. Fue novelista, poeta, profesor universitario,

periodista y editor. En cierta ocasión fue detenido por criticar en un artículo la

figura del dictador italiano Benito Mussolini. Con este motivo, Don Luka no tuvo

más remedio que exiliarse durante la Segunda Guerra Mundial. Pasó por tres

campos de concentración: primero el de los nazis, luego el de los comunistas y

finalmente el norteamericano ya que se consideraba que era un ciudadano

sospechoso.

Sobre todo, en el campo de concentración de los rusos comunistas la pasó

particularmente mal por la crueldad de los soldados hacia los prisioneros. Un día

me relató que le resultaba muy duro el escuchar el tronido de las ramas secas de

los árboles porque de inmediato venía a su mente un horroroso recuerdo: cuando

a los soldados marxistas se les acababan las balas, entonces hacían pilas con

prisioneros amarrados y los tanques pasaban encima de ellos para machacarlos y

esas personas, al quebrarse sus huesos, emitían un sonido similar al de los

troncos en el suelo. Don Luka nunca olvidó aquellos gritos de desesperación de

los que estaban siendo aplastados en muerte lenta y muy dolorosa.

En esa ocasión Don Luka se salvó por ser periodista y porque los comunistas

consideraron que era una persona útil para la publicación de periódicos, revistas y

panfletos y porque dominaba varios idiomas.

En medio de la Guerra y los campos de concentración perdió contacto con su

esposa Ana Tijan y sus hijas Elica y Olga. Muchos años después logró

encontrarlos de nuevo.

Fue educado en la Universidad de Zagreb donde se doctoró en Derecho y obtuvo

su licenciatura en Sociología. Por su ideología contra el comunismo y el fascismo

fue expulsado de su natal Croacia y no pudo regresar hasta 1989.

De 1949 a 1956 trabajó en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de

Madrid. Posteriormente fue contratado por la Universidad de Navarra (Pamplona)


en la facultad de Periodismo como profesor. Ahí escribió su libro clásico sobre

Deontología (o Ética) Periodística, Géneros Periodísticos, Técnicas de la

Información, 2 novelas, 6 libros de poemas y un libro de relatos cortos en croata.

Con cierta frecuencia, nos invitaba a su casa a cenar y ahí tratamos a su esposa

Ana y a sus hijas. Era un hombre apacible, sereno, cordial y abierto a hacer

amistad con todos alumnos, profesores, colegas periodistas, intelectuales, etc.

Al final de sus días escribió sus memorias, tituladas “Despedidas y Encuentros”.

Recuerdo que me lo leí de un tirón y, al final, llegué a la conclusión de que de ese

libro podría salir el argumento de una excelente película.

Don Luka nunca guardó rencores ni resentimientos contra los que lo maltrataron o

persiguieron para matarlo. Superó el odio mediante la caridad cristiana y vivió el

resto de sus días con mucha paz.

Era un hombre que sabía querer de verdad a sus alumnos por ello muchos que

regresaron de visita a la Universidad, de inmediato lo buscaban para charlar con él

y continuar la amistad.

Por muchos años escribió en “El Diario de Navarra” y era un experto en política

internacional. Recuerdo su magistral libro “Grandes Figuras de la Literatura

Universal” en el que abría un amplio horizonte a los jóvenes lectores.

Falleció el 8 de febrero de 2001 a los 82 años. En su honor, la facultad de

Comunicación decidió otorgar el “Premio Luka Brajnovic” a intelectuales, políticos

y comunicadores comprometidos con la defensa de los derechos humanos y la

dignidad de la persona.

Entre algunos de los galardonados se encuentran : Miguel Delibes (escritor),

Violeta Chamorro (ex Presidenta de Nicaragua), Antonio Fontán (periodista),

Joaquín Navarro-Valls (Portavoz de la Santa Sede).

En resumen, Don Luka Brajnovic son esas personalidades que por su calidad

humana y talla intelectual no se olvidan y dejan a su paso una profunda huella

entre las personas que lo trataron.

¿POR QUÉ LA CRUZ?

Pbro. Mario Arroyo,

Doctor en Filosofía.

p.marioa@gmail.com


Pregunta Rocío, “¿por qué tuvo que morir Jesús en la Cruz?, ¿por qué escogió Dios esa

forma tan tremenda para salvarnos?, ¿cómo explicarlo a alguien que no tiene fe?” De fondo late el

reclamo por el sinsentido del sufrimiento, que choca abruptamente con nuestra racionalidad,

incapaz de integrarlo en un todo con significado. La razón precisa abrirse a la fe, para comprender

esta realidad que, de otra parte, es cotidiana. Plantear la vida sin sufrimiento es plantear una

abstracción, una irrealidad.

La pregunta de Rocío da en la diana del misterio de Dios y su designio salvífico. El mismo

Santo Tomás de Aquino explica que no era la única forma en que Dios podía salvarnos. “Dios podía

haber liberado de los pecados infundiendo directamente su gracia en los hombres…, pues la

justicia divina no tiene necesidad exigir una reparación del pecado para poder perdonar; en ese

caso el perdón no sería injusto…, sino solamente misericordioso” (Cf. S.Th.III,46,2ad3). ¡Ese es el

tema! ¡Dios podría habernos salvado sin necesidad de sufrir tan atroces tormentos! ¿Por qué no

eligió el camino más fácil?

Esta pregunta, en rigor, nadie podría responderla, solo Dios mismo, pero la reflexión

teológica siente el desafío de avanzar alguna explicación plausible o, por lo menos, algún motivo

de conveniencia. Finalmente, si Dios elige ese camino, será por algo. Es un misterio, pero la razón y

las herramientas que nos ofrece la fe, pueden aportarnos algunas pistas para encuadrarlo en un

conjunto de sentido que arroje luz a uno de los misterios más inquietantes de la vida humana: el

dolor.

Dos claves pueden ser útiles para aventurarnos a pensar tan enrevesado problema. La

primera es que, si Dios no hubiera asumido en su misma Persona la realidad del sufrimiento,

quedaría en pie el principal reclamo que le hacen al Creador los hombres: “¿cómo es posible que

un Dios bueno haya creado un mundo en el que hay tanto dolor, tanto sufrimiento,

particularmente escandaloso cuando se trata del sufrimiento de los inocentes?” En efecto, el

principal argumento en contra de la existencia de Dios es la presencia del mal en el mundo. ¿Y

cómo responde Dios al desafío? No elimina el mal y el dolor, como por arte de magia, sino que

sencillamente los asume. Ya no vale descalificar a Dios por la presencia del dolor, o por el

sufrimiento del inocente, pues Él ha sido el único hombre sin pecado, totalmente inocente, y ha

padecido en Carne propia todo el sufrimiento físico y moral de la humanidad. Pero no como la

divinización del masoquismo, sino haciendo una ecuación maravillosa: ha convertido el

sufrimiento propio en la forma más tremenda, auténtica y profunda de manifestar el amor.

Y esa es precisamente la segunda clave. El sufrimiento de Cristo en la Cruz es una

paradoja, pues ha convertido lo más terrible en lo más hermoso. No se ha limitado a redimirnos, a

perdonarnos, a salvarnos, sino que nos ha manifestado a través de este medio tremendo, la

hondura de su amor por nosotros. En la Cruz se nos revela la magnitud del amor de Dios por el

hombre, que carece de lógica y de medida, lo cual nos da un piso firme para plantear nuestra

existencia: la certeza de sabernos amados incondicionalmente por Dios. ¿En qué lógica cabe que

para rescatar al esclavo –a la criatura- hayas de entregar al Hijo? La medida del amor de Dios por

nosotros se nos revela en la Cruz como un amor sin medida, y en ello encontramos la prenda más

cierta de nuestra esperanza.


Nos muestra así Jesús la vía del auténtico amor, que se avala por el sacrificio. Hay que

amar “hasta que te duela”, como las buenas madres. Ese es el amor más puro, más auténtico; muy

por encima de las caricias acarameladas de los tortolitos adolescentes está el amor sacrificado de

las madres. Y por encima de todos, el Amor Encarnado de Jesús en la Cruz. Jesús en la Cruz nos

enseña la clave de la vida, de la felicidad en esta vida: amar sin medida. Y nos lo enseña

asumiendo el realismo y la limitación de esta vida, surcada inevitablemente con el signo del dolor.

Por eso puede exclamar San Josemaría: “Esta ha sido la gran revolución cristiana: convertir el dolor

en sufrimiento fecundo; hacer, de un mal, un bien. Hemos despojado al diablo de esa arma…; y,

con ella, conquistamos la eternidad” (Surco, 887).

EL VERDADERO AMOR ES GRATUITO

 Pbro. José Martínez Colín,

articulosdog@gmail.com

1) Para saber

Se cuenta que el famoso estadista inglés Winston Churchill

participaba en una discusión sobre la amistad. Al final dijo: “No

pierdan el tiempo. La amistad es inexplicable”. Sus amigos le

preguntaron por qué decía eso. Entonces añadió el político: “Miren mi

caso. Un buen amigo es un hombre que lo sabe todo de mí, que me

conoce a fondo y que, a pesar de todo, me aprecia. No tiene

explicación ese raro sentimiento”.

Ciertamente, cuando es verdadero el amor, no busca ganar alguna

ventaja, sino que es desinteresado. La amistad se ofrece gratis. El

Papa Francisco nos invita a descubrir en los demás y en la naturaleza

algo mucho más grande que su utilidad. Para ello hay que

contemplarlas y descubrir el valor que encierran cada persona y cada

cosa. Un valor dado por Dios al crearlas. De esa manera, las criaturas

nos llevan de vuelta al Creador y a la comunión con la creación. San

Ignacio de Loyola, invitaba a la “contemplación para alcanzar amor”,

es decir, considerar cómo Dios mira a sus criaturas y a regocijarse

con ellas; a descubrir la presencia de Dios en sus criaturas y, con

libertad y gracia, a amarlas y cuidarlas.

2) Para pensar

Hay una película, “Hasta el último hombre”, basada en la historia

real de un soldado del Ejército de Estados Unidos que se negó a

portar armas en el frente durante la Segunda Guerra Mundial. Se

trata de Desmond Doss, que por principios religiosos, no quería

disparar contra nadie. Por ese motivo fue objeto de burla y

persecución. Varios lo consideraban un cobarde y traidor. Sin

embargo, ya en la batalla, se distinguió por su heroísmo.

Exponiéndose a un gran riesgo, salvó la vida a más de setenta y

cinco hombres bajo un constante fuego enemigo en el acantilado de

Maeda durante la brutal batalla de Okinawa. Fue condecorado con la

Medalla de Honor por el presidente Harry S. Truman.

Desmond es un ejemplo de un amor verdadero al no pensar en su

propia seguridad, ni en sacar algún beneficio personal, sino en salvar

a sus compañeros aún a costa de su propia vida: se da él mismo

gratuitamente. Que nos lleve a pensar cómo es nuestro obrar.


3) Para vivir

Para salir de una pandemia, comenta el Papa, es necesario seguir

una regla de oro de nuestra humanidad: cuidarse y cuidarnos

mutuamente. Cuidar de quien está enfermo, de quien lo necesita, de

la casa común. Cuando alguien no aprende a detenerse para percibir

y valorar lo bello, no es extraño que todo se convierta para él en

objeto de uso y abuso inescrupuloso. Las criaturas tienen un valor en

sí y “reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la

bondad infinitas de Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, 339).

Pero ese valor y ese rayo de luz divina hay que descubrirlo en el

silencio, en la contemplación.

Sin contemplación es fácil poner el “yo” en el centro de todo, como

dominadores absolutos de todas las criaturas. Se precisa contemplar

a las personas con toda su riqueza. Contemplar y cuidar: ambas

actitudes muestran el camino. Cada uno de nosotros, concluye el

Papa, puede y debe convertirse en un “custodio de la casa común”,

capaz de alabar a Dios por sus criaturas, de contemplarlas y

protegerlas.

LA PATRIA Y LA VERDAD

Pbro. Mario Arroyo,

Doctor en Filosofía.

pmarioa@gmail.com


Nos acercamos bastante a los dos siglos de andadura como nación. ¿Serán suficientes para

mirar nuestra historia sin complejos, con madurez y perspectiva? O seguiremos cómodamente

instalados en mitos, símbolos y figuras que no dejan de ser hermosos, es verdad, pero que

lamentablemente son falsos. Se trata de una historia reconstruida y contada con una finalidad

precisa: transmitir un fuerte sentido de pertenencia, un santo orgullo nacional y forjar así una

nación. Con la nación ya forjada, a dos siglos de su nacimiento, ¿tendremos el valor de mirar la

verdadera historia, no la reconstruida con una noble intención, sino la simple y prosaica realidad?

¿Estamos preparados para aceptar la sobria realidad o preferimos el mito, a la par

hermoso y falso? ¿Queremos que nos cuenten una historia auténtica o preferimos una leyenda

dorada, plagada de ídolos eternos, intangibles e ideales? ¿No será el momento de enfrentarnos a

los verdaderos protagonistas de la historia, hombres reales, de carne y hueso, con sus grandezas y

sus miserias, con sus aciertos y sus errores? En el año 2000, para celebrar con verdad el jubileo,

San Juan Pablo II realizó una purificación de la memoria, en la que expresamente pedía perdón por

los errores y culpas del pasado. Con una décima parte de esa historia, con apenas dos siglos,

¿estaremos preparados para realizar nuestra propia purificación de la memoria? Sería realmente

notable que nosotros pudiéramos realizar en doscientos años lo que a la Iglesia le costó dos mil.

Aceptar nuestra identidad, reconciliarnos con nuestro pasado, con nuestras raíces.

No significa que dejemos de estar orgullosos por ser mexicanos, sino de que no

necesitemos mentiras piadosas para estarlo. Es mejor estar orgulloso de la realidad, por incómoda

y prosaica que pueda parecer, que de la ilusión, por maravillosa que sea. Quizá todavía no lo

estamos, quizá doscientos años sean todavía poco tiempo, quizá no haya fraguado aún el sentido

de pertenencia y de unidad, quizá nos falta todavía madurez histórica y no somos capaces de

resistir aún la cruda realidad.

¿Qué ventajas tendría?, ¿cuál es la utilidad de hurgar en nuestro pasado, buscar la verdad

y no contentarnos con el discurso prefabricado de siempre, que nos exalta y enardece lo suficiente

durante los días patrios? Que los mexicanos nos merecemos una explicación, no solo nos la

merecemos, sino la necesitamos. ¿Cómo explicar, si no, nuestra triste realidad? ¿Cómo es posible

que un pasado glorioso haya producido un presente doloroso? ¿La violencia irracional, la

corrupción generalizada surgieron de la nada, como hongos, sobre unos orígenes de impecable

virtud y heroísmo? ¿En qué momento nos acostumbramos a estos tristes vicios?, ¿cómo

surgieron?

Necesitamos conocer la historia real, para tener un diagnóstico preciso de las causas de

nuestros problemas presentes. No vamos a erradicar los cánceres de la violencia y la corrupción

diciéndonos una y otra vez que somos los mejores; nuestros problemas, bien reales y presentes,

no van a desaparecer porque les demos las espaldas. Pero esos problemas actuales tienen una

genealogía, y desentrañarla supone enfrentarnos a nuestro pasado real, con sus vicios y fracturas,

por doloroso que nos parezca esa toma de conciencia. Parafraseando a Vargas Llosa, deberíamos

preguntarnos, “¿en qué momento se fastidió México?” No para lamentarnos, sino para poderlo

arreglar.


¿Podemos digerir la historia o debemos seguir viviendo de la mitología? ¿Podemos

reconocer a quienes consumaron la independencia –Agustín de Iturbide- o lo seguimos

proscribiendo por sus filiaciones políticas? ¿Podemos reconocer y pedir perdón por las masacres

innecesarias del Padre de la Patria, o la violencia irracional puede ser buena, dependiendo de

quién la realiza? ¿Cómo explicar que todos los protagonistas de la Revolución Mexicana son

héroes, pero todos se mataron entre ellos? ¿Podemos asumir la historia real, con amor y respeto,

para conocer bien las raíces de nuestros logros y de nuestros problemas o todavía es prematuro?

Al acercarse los doscientos años de nuestra andadura como nación, vale la pena preguntárnoslo.

La verdad puede ser dolorosa, quizá menos gloriosa, pero tiene la ventaja de ser real. Hoy la patria

necesita la verdad, no la ilusión.