jueves, 17 de octubre de 2019

¿CUÁL ES EL CRITERIO PARA REALIZAR GASTOS PERSONALES?

P. Mario Arroyo,
Doctor en Filosofía.
p.marioa@gmail.com

Pregunta María José, estudiante de medicina:

“Mi hermana gusta de comprar cosas excesivamente caras. Me parece que está mal y se lo digo, pero no sé explicar el motivo”. En el fondo, pienso, se trata de una cuestión de sensibilidad, de contexto. Dado el ambiente en el cual vivimos, en el que hay mucha pobreza y eso entra por los ojos, pues cada esquina tienes un ejército de personas pidiendo dinero o vendiendo algo, no nos puede dar igual, o simplemente cerramos los ojos a esa realidad, mientras los tenemos bien abiertos en los centros comerciales.


Sin embargo, no es del todo culpable esta “ceguera selectiva”. En realidad, el ambiente nos empuja a ello, pues fomenta un individualismo salvaje, desalmado: “primero yo, después yo y hasta el último yo”, parece decirnos la cultura moderna. Hace falta un esfuerzo consciente para salir de esa burbuja. 

Felizmente, muchos jóvenes lo hacen, involucrándose en labores de voluntariado, con lo cual contrastan el individualismo lacerante en el que viven. Pero ello no basta, pues puede generar sensibilidad selectiva: a unas personas, en un lugar, durante un tiempo, pero no curar la cruel indiferencia con quien tenemos al lado o en la esquina de la calle. 

Puede ser, finalmente, una “píldora de moralina” que tomamos para tranquilizar nuestra conciencia.

Para curar esa ceguera provocada se requiere mirar cara a cara, ver el rostro, tocar la mano, escuchar la historia de quien sufre. Después, hacer un esfuerzo por provocar un fecundo silencio en la habitación, en el campo, en la iglesia… 

Por ejemplo, pensar: ¿Por qué yo tengo todo y esta persona carece de lo necesario? ¿Cuánto gasto en un fin de semana, en un capricho, en la discoteca, en un restaurante caro, en unas vacaciones? ¿Cuánto gana esta persona a la semana, al mes, al año? ¿Con eso debe comer, transportarse, brindar educación a sus hijos, comprar medicinas, etc.? ¿Cuántas horas trabaja? ¿Cuánto tiempo invierte, e incomodidades sufre, para llegar a su lugar de trabajo? ¿Tiene alguien que le ayude con los gastos? ¿Es, quizá, madre o padre soltero? ¿Tiene ancianos a su cargo? ¿Qué he hecho yo para merecer mi bienestar económico, mi posición social?

Como bien planteabas en nuestra conversación, es distinto el caso de alguien que ha trabajado toda su vida y, una vez jubilado, quiere darse “un gusto”: Un buen coche, un viaje, un vestido caro. 

Resulta, sin embargo, una historia muy diferente, cuando alguien todavía no ha hecho nada que valga la pena, que suponga un gran esfuerzo, que aporte algo consistente a la sociedad y se está dando “gustos” caros cada fin de semana, cada quincena o incluso diariamente.

Si la persona que trabaja en mi casa, si el personal de servicio, si mis empleados no van a ganar en un año lo que me gasto yo en un capricho, probablemente sea una injusticia dármelo, aunque no lo robe, aunque todo sea “legal”: el contrato de mi trabajador y los fondos de mi tarjeta. No es la ley del mercado lo que debo mirar, ni los títulos de propiedad, sino la dignidad humana. 

Si esa persona tiene que sacar adelante una familia, y con su trabajo esforzado, de ocho horas diarias o más, no alcanza a ganar en un año lo que yo en un instante gasto para “darme un gusto”, algo de perverso tiene ese gasto. No es una hipótesis irreal. Un bolso Louis Vuitton, de esta temporada, puede costar 6,100 dólares. El salario mínimo vigente requeriría 1143 días laborales para comprarlo, es decir, 3 años sin interrupción de trabajo. Es verdad que los sueldos suelen estar por arriba del salario mínimo, pero en algunos rubros, por ejemplo, manejador en una granja avícola, sigue necesitando ese tiempo para comprarse el bolso.

¿Qué hacer? No resulta sencilla la respuesta, pues nuevamente vivimos inmersos en medio de un individualismo salvaje, las personas no son personas, sino consumidores, y los trabajadores parte de la cadena de producción, no solo reemplazable, sino cada vez más obsoleta gracias a los procesos de automatización fruto de la inteligencia artificial. 

Se trata, sin embargo, de una cuestión de empatía, de no perder nuestro factor humano anegado en la superficialidad, en la frivolidad, en el consumismo hedonista. En ese sentido, más que decirle: “no debes comprar ese bolso”, mejor invítala a un hospital público a visitar niños con cáncer o niños quemados. Quizá no pueda ni entrar a la sala, quizá vuelva el estómago, pero ese puede ser el camino para recuperar la sensibilidad perdida, la humanidad aletargada. Quizá ese tímido primer paso produzca una reacción en cadena y desate el ejercicio del “pensamiento crítico”, aplicado a la frívola cultura de la imagen.

miércoles, 16 de octubre de 2019

FIFA: TARJETA ROJA PARA LOS AFICIONADOS

Mtro. Rubén Elizondo Sánchez,
Departamento de Humanidades de la
Universidad Panamericana. Campus México.
rubeliz@up.edu.mx

¿Qué espera la FMF cuando prohíbe la libertad de expresión?, ¿por qué no se concede a los hinchas el beneficio lúdico que se permite para el uso de la marihuana? Mas bien parece que pagar boleto para ver un partido de futbol incluye el beneficio de la mordaza.


La FIFA no deja de sorprendernos con esta nueva imposición que desean aplicar con el fin de limitar la libertad de expresión del aficionado. Es una amonestación adornada con la palabra “respeto” porque consideran creciente y más importante la susceptibilidad de ciertas minorías que el desfogue de miles de entusiastas seguidores.

¿En realidad la FIFA nos ama? Lo escribo así, porque nos ofrece ayuda para evitar las expresiones de odio. En el fondo, sin lugar a dudas lo verdaderamente importante es privilegiar la susceptibilidad de la minoría que el derecho de la mayoría a expresar una frase lúdica. Estamos presenciando la aparición en escena de un nuevo tipo de censura.

Resulta que ahora somos perversos por defender el derecho a la libertad de expresión. ¿No se vale exteriorizar los sentimientos?, ¿o será acaso que de ésa frase “Ehhhhhhh.....” se sigan necesariamente actos de violencia? El grito en cuestión es lúdico, no es ofensivo. Así lo considera la comunidad gay, según entrevistas en Youtube.

Se permiten excesos y arbitrariedades a los anarquistas que se “cuelan” en una marcha de protesta. No hay inconvenientes por secuestrar a 92 choferes con sus respectivos autobuses de pasajeros, y así obtener ciertas dádivas y premios con tal de “hacer justicia” a minorías marginadas.

Los aficionados que acuden al estadio de futbol son cada vez menos, y son minoría en comparación con los millones de televidentes que prefieren seguir los partidos desde su casa. ¿Por qué la FIFA no defiende a éstos grupos pequeños?

Parece que algunas minorías son mejores que otras y merecen protección y amparo, mientras que los aficionados suscitan condena y mordaza, es decir, tarjeta roja. No me parece congruente castigar a quién te da de comer cuando paga su boleto de entrada.

Un conocido me dijo: “Hasta ellos mismos lo gritan. No tiene nada que ver con las estupideces de la FIFA. Mire usted, mas tolerantes los gays que los corruptos de FIFA.”

Espero que la FMF no nos imponga el deber de colocar micrófonos en la sala de la televisión y nos muestren tarjeta roja en nuestra propia casa. De seguir este sendero de intolerancia, se vaciarán los estadios y dejarán de transmitirse los juegos de futbol.

La libertad de expresión está limitada por la prudencia y el respeto. En este caso no hay falta de respeto porque es una frase lúdica y no es imprudente porque no es insulto, es una expresión de esparcimiento y diversión.

lunes, 14 de octubre de 2019

¿BUENA SUERTE O CONSTANCIA Y EMPEÑO?

Raúl Espinoza Aguilera
@Eiar51

Es frecuente escuchar la expresión “¡Qué buena suerte!” tiene un profesionista que se le concedió un puesto de mayor responsabilidad por su destacado desempeño en su empresa; o de un estudiante universitario que obtuvo magníficas calificaciones a lo largo del semestre; o de una atleta que, a fuerza de practicar y buscar mejorar su propio récord, fue seleccionada para los Juegos Panamericanos o las Olimpiadas; o de un determinado intelectual o científico a quien se le ha concedido un importante reconocimiento por sus trabajos de investigación, sus publicaciones, y en general, por su brillante trayectoria.


En estas semanas se comienzan a conocer los nombres de los galardonados por la Real Academia de las Ciencias de Suecia. Por ejemplo, el de Química fue concedido al estadounidense John B. Goodenough, el británico Stanley Whittingham y al japonés Akira Yoshino quienes son los padres de la batería de litio que cambió el comportamiento de la humanidad. El Nobel de Física fue otorgado al norteamericano James Peebles y los suizos Michel Tylor y Didier
Queloz por su contribución al entendimiento de la evolución del universo y el lugar de la tierra en el cosmos. El Nobel de Medicina fue concedido a tres científicos Sir Peter Ratcliffe y de los estadounidenses William G. Kaelin Jr. y Gregg L. Semenza por sus descubrimientos acerca de cómo sienten las células y se adaptan al oxígeno disponible y que podrían beneficiar en la curación del cáncer, etc.

Cuando me entero de estos reconocimientos, la primera idea que me viene a la mente es, ¿cuántos años les llevó a los galardonados ser premiados por sus investigaciones, cuántos días y noches de arduos trabajos, décadas de búsquedas y de reflexión, de asistencia a congresos, de cambiar impresiones con otros colegas orientados hacia su misma especialidad, de probar una y otra vez sus tesis en el laboratorio, de publicar ensayos, etc.? 

Es decir, detrás de estos reconocimientos hay toda una vida consagrada en conseguir este objetivo hasta lograrlo o de tener un importante avance.

De esta manera, se puede concluir que existen, entre otras muchas, un par de grandes virtudes: la constancia y la dedicación y eficacia en el trabajo (diligencia).

Y para ello hay que tener ideales y metas claras en la vida. Los logros no son fruto de una mera casualidad o de la “buena suerte” sino del empeño y esfuerzo sostenidos por mucho tiempo. Cuando alguien está convencido que su objetivo realmente vale la pena y que hay que luchar hasta alcanzarlo, equivale a estar dispuesto a mantener un tono personal de exigencia sin desanimarse y ser inasequible al desaliento.

sábado, 12 de octubre de 2019

¿SER TRANSIGENTE O INTRANSIGENTE?

Pbro. José Martínez Colín
articulosdog@gmail.com

1) Para saber

Se cuenta que durante una noche el vigía de un barco le dio aviso a su comandante de que se acercaban peligrosamente a una luz. El capitán giró instrucciones para que se comunicaran con esa nave y le ordenaran que modificaran su rumbo. Así lo hicieron, pero le dijeron:


“Nos dicen que seamos nosotros los que cambiemos el rumbo”. El almirante enfurecido ordenó: “Dígale que les habla uno de los comandantes de más alto rango de su majestad: ¡el mismísimo almirante Sir Percy Williams!”. Así lo hicieron y volvieron con la respuesta: “Nos dice que no importa. Quien habla es un marinero de segunda llamado Tom Smith y quiere que nosotros cambiemos el rumbo, pues ya estamos cerca de la colisión”. El almirante no cabía en su enojo y mandó: “Dígale que tenemos una embarcación de 45 mil toneladas, que se aparten inmediatamente”. 

Volvieron con la respuesta: “El marinero Tom Smith nos dice que si no queremos estrellarnos con un faro de muchas toneladas, más nos vale cambiar el rumbo”. “Cambiemos el rumbo”, reconoció el almirante.

Muchas veces una intransigencia nacida de la soberbia nos lleva a descartar a quienes piensan distinto a nosotros, y nos imposibilita para el diálogo. El Papa Francisco reflexionando sobre la figura de San Pablo, decía que el joven Saulo aparece intransigente con los que piensan diferente a él considerándolos sus enemigos. Pero el encuentro con Cristo le dará una nueva mirada hacia Dios, hacia sí mismo y hacia los demás, que de enemigos se convertirán en hermanos en Cristo. Así, Saulo llegará a ser San Pablo, el gran evangelizador

2) Para pensar

Un autor, Chiesa, comparaba a las personas con las piezas de un ajedrez, en donde el poder de las piezas radica en su flexibilidad, según las reglas del juego: el Peón es la pieza más débil porque no tiene flexibilidad, sólo puede moverse de uno a uno hacia delante, sin poder rectificar su recorrido. Luego está el Caballo y el Alfil: éste no puede cambiar de color, pero sí desplazarse muchas casillas, mientras que aquél puede cambiar de color pero avanzar poca distancia. La Torre es más flexible en cuanto que puede cambiar de color y a lo largo de todo el tablero, aunque solo rectamente. 

La Reina es la más poderosa por tener máxima flexibilidad.

Pensemos si somos rígidos e inflexibles con quien piensa distinto de nosotros, pues podríamos estar dificultando la convivencia.

3) Para vivir

Comenta el Papa Francisco que Saulo llegó ser transigentes con los demás al ser transformado por Cristo, y llegará a enseñar “que no debemos luchar contra las personas, sino contra el mal que inspira sus acciones”. Con las personas, ser transigentes, pero ante la verdad, en cambio, no cabe la transigencia.

Hablaba San Josemaría de ser transigente con las personas, pero intransigentes para defender la verdad, a la cual llamaba “santa intransigencia”. La verdad se defiende, así como no está mal en ser intransigentes en defender que “2 +2 = 4”. Si un amigo me dijera que “2+ 2 = 3”, ahí no puedo transigir. A ese amigo, no lo desprecio, se le respeta, pero sin aceptar el error. Por ello, intransigente con la verdad, pero transigente con las personas.

miércoles, 9 de octubre de 2019

¿QUÉ ES UN LÍDER MORAL?

Mtro. Rubén Elizondo Sánchez,
Departamento de Humanidades de la
Universidad Panamericana. Campus México.
rubeliz@up.edu.mx

El historiador Enrique Krauze escribió en el diario Reforma una columna titulada ¿Qué es un líder moral? (Reforma, 6-Oct-19). Recordando a Daniel Cosío Villegas, en el desarrollo de su breve colaboración apunta la siguiente idea: “En la esfera política, las virtudes que cuentan son las republicanas, no las religiosas”.


“¿A servicio de que causa debería actuar un líder moral? No a la causa de la fe sino a la de la razón, no alentar –por ejemplo—la presencia de la Iglesia en medios públicos sino a promover una reforma que aliviara las cuatro llagas políticas que asfixiaban al país: 1. El excesivo poder del presidente, 2. El predominio aplastante del partido oficial, 3. El peso asfixiante de la federación sobre la vida regional y local, 4. Las costumbres políticas mexicanas”.

Krauze es historiador, no es moralista. Para intentar hilvanar unas cuantas ideas, permítanme narrar esta anécdota.

Un rey, deseando contar con una biblioteca, pidió buscar a la persona idónea para organizarla. Cumplido el encargo, quiso probar los conocimientos del bibliotecario, quién gozaba fama de erudito. Intencionalmente, el rey se documentó sobre dos libros sumamente raros; luego, lo llamó a su presencia.

¿Podría usted hablarme de este autor y su obra?, preguntó. Respondió el bibliotecario: disculpe Su Majestad, pero no lo he leído. Sonrió el rey, y volvió a preguntar: ¿Y sobre este otro? Nueva respuesta: Tampoco lo conozco Su Señoría.

Segunda sonrisa del soberano, y tercera pregunta: ¿Me puede decir entonces, porqué le pagan tanto a usted? Y vino la respuesta definitiva:

-Majestad, me pagan por lo que sé, que es poco; si me pagaran por lo mucho que ignoro, no bastaría el dinero del mundo.

Esta breve historia me induce a reflexionar sobre lo mucho que debemos estudiar para alcanzar unos cuantos conocimientos a lo largo de la vida.

Específicamente sugiero a Krauze ejercitarse en el conocimiento de la moral natural para no confundirla con la moral religiosa. Y aprender un poco más sobre las virtudes, las cuales son esencialmente personales, pero con efectos sociales.

En la esfera política solo cuentan las virtudes personales, ni republicanas ni religiosas, ni judías, sino humanas. Las que perfeccionan al hombre en relación a la plenitud y a la felicidad. Y que propician el bienestar social, capaces de aliviar las cuatro llagas que asfixiaban y asfixian al ciudadano y al país.

Sin virtudes humanas no puede haber moralidad ni liderazgo. Esto es así, porque la gente sigue a quien da testimonio y ejemplo. No sigue a los líderes, y si los sigue es porque con su ejemplo confirman su liderazgo.

martes, 8 de octubre de 2019

DESAFÍOS DEL SÍNODO DE LA AMAZONÍA

P. Mario Arroyo,
Doctor en Filosofía.
p.marioa@gmail.com



Del 6 al 27 de octubre se celebra en Roma un sínodo sobre la Amazonía. El evento es de carácter religioso; se trata de un instrumento consultivo del Papa para afrontar temas específicos y desafíos de la fe con espíritu de comunión colegial. Habría pasado desapercibido, de no ser por la novedad de poder abrir la puerta a la ordenación sacerdotal de hombres casados en la Iglesia latina (el rito litúrgico más difundido en la Iglesia Católica), y por la coyuntura ecológica actual, dados los recientes incendios en la selva amazónica y los dramáticos reclamos ambientalistas de Greta Thunberg en la ONU.


Indudablemente que la reflexión del Sínodo resultará enriquecedora para los católicos, para los cristianos en general y para los nueve países involucrados con el Amazonas. Es la ocasión de profundizar en la Teología de la Creación, en la línea de la encíclica Laudato Si de Francisco, así como en sus consecuencias pastorales y sociales. 

La responsabilidad y el cuidado de la creación, como forma de vivir la caridad con el prójimo, particularmente con las generaciones futuras, así como de alabar a Dios por sus dones, custodiándolos responsablemente. 

Se trata de vivir con fidelidad el encargo divino consignado en el Génesis, primer libro de la Biblia: “llenad la tierra y sometedla”; de llevar la creación a su plenitud, en la línea de lo que afirma san Pablo en la Epístola a los Romanos: “La creación entera gime y sufre dolores de parto esperando la manifestación de los hijos de Dios”.

A la oportunidad del Sínodo le corresponden desafíos no fáciles, más aún, esenciales. Es una cuestión de identidad. La Iglesia reunida colegialmente debe preguntarse: ¿Quién soy yo?, ¿qué soy yo?, ¿qué está en mis manos y qué no? Es decir, a veces podría dar la impresión de una cierta desubicación institucional, no porque el tema ecológico sea equivocado o no sea importante, sino porque quizá no es la Iglesia quien esté llamada a solucionarlo, ni lo pueda hacer, aunque quiera, ni sea la más capacitada para hacerlo.

Dado el tono del documento preparatorio –el menú de lo que ahí se está discutiendo-, se añaden una serie de dificultades relevantes. Por ejemplo, se puede confundir misión profética de la Iglesia         –denunciar la injusticia- con activismo político. La línea divisoria es muy sutil. Profeta es el que “habla en nombre de Dios”, que bien puede querer llamarnos la atención por haber creado una estructura de pecado injusta, que fomenta la pobreza, la marginación y la explotación irracional de nuestra casa común; pero no es sencillo quedarse en ese límite sin pasar al activismo político, o confundir la misión de la Iglesia con la de una ONG ambientalista y social.

¿Qué induce a sospechar que se pueda caer en la tentación de confundir los fines? Puede ayudar un ejemplo sencillo: la diferencia entre “plato fuerte” y “guarnición”. Parece que el plato fuerte del Sínodo, dados los documentos, intervenciones y gestos tenidos hasta el momento, es la ecología y la denuncia “profética-política”, la lucha social por erradicar la pobreza. 

La apertura a la trascendencia, la predicación de la fe en Jesucristo casi parece un adorno o una excusa para introducir una agenda determinada.

El Sínodo incluye un “clásico teológico”: la inculturación del evangelio; el desafío de que cada pueblo vea la fe como propia, como parte de su identidad, sin caer en el sincretismo o el eclecticismo. Pareciera, por algunos gestos y declaraciones, que lo que se debe “inculturar” es el cristianismo, y no impregnarse la cultura amazónica del espíritu cristiano, que acoge e integra todo valor auténticamente humano, como lo es sin duda el custodiado por los pueblos amazónicos, cribándolo de elementos menos afortunados. 

Tal actitud parece esconder un “complejo occidental” que raya en auténtico “complejo cristiano”: sentimiento de culpa inconfesado, por el que se piensa que la evangelización en vez de liberar, se ha convertido en instrumento de dominio.

Cabe preguntarse entonces, si el Sínodo, desde su planteamiento original, está ofreciendo la medicina adecuada. Hace un tiempo, por ejemplo, quien fuera superior de una Provincia Franciscana en el Perú comentaba que todas sus vocaciones provenían de la selva, ninguna de la ciudad. 

El problema no es la religiosidad de la selva, pues son pueblos naturalmente religiosos; el problema es que en la sociedad occidental del confort hemos pedido el empuje misionero, la convicción de que vale la pena dedicar la vida a evangelizar, y el convencimiento del carácter liberador de la gracia y esclavizador del pecado. Por eso, en lugar de afrontar el problema, miramos a otro lado. 

La prueba está en que los evangélicos han crecido exponencialmente en la selva en muy poco tiempo, mientras que los católicos languidecemos. La respuesta del “ecumenismo” y “ordenar hombres casados”, quizá oculta el miedo a afrontar nuestra crisis de fe.

Quienes no hemos sido convocados al Sínodo podemos participar en él; en efecto, para quienes aún consideramos que la Iglesia tiene carácter sobrenatural, una forma directa de participación, a la que hemos sido invitados por el Papa, es la oración. Recemos para que el Sínodo asesore bien a Francisco y sirva realmente a la difusión de la fe en Jesucristo en la Amazonía.

lunes, 7 de octubre de 2019

TOMÁS MORO: EL BUEN HUMOR Y LA ALEGRÍA PERMANENTES

Pbro. José Martínez Colín
articulosdog@gmail.com

1) Para saber

Los santos han sido personas que mantienen el buen humor no obstante las dificultades que padecieron. Uno de ellos fue Santo Tomás Moro quien nunca perdió la alegría y el buen humor, incluso al ser condenado a muerte injustamente por el rey Enrique VIII.


Cuando fue conducido al cadalso para ser decapitado, le pidió al alcalde que estaba al pie de los escalones: “Ayúdeme a subir, que para bajar no te voy a pedir ayuda”. Ya arriba, le dijo al verdugo: “Anímate hombre, y no temas cumplir tu oficio. Como mi cuello es corto, procura no dar un corte torcido, pues quedarías mal”. Y poniendo su cabeza para que sea cortada, añadió con humor: “Aparta mi barba; sentiría que la cortases. Ella no es reo de alta traición”.

Por ello, el Papa Francisco ha señalado que el signo de un cristiano evangelizador, incluso en el martirio es la alegría. Al saberse cerca de Dios, todo lo demás no logra quitar la paz y el buen humor.

2) Para pensar

Desde sus orígenes, la Iglesia padeció muchas persecuciones, cumpliéndose lo dicho por Jesús: “Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros”. (Jn 15,20). Pero las
persecuciones no atemorizaron a los primeros cristianos, sino que en lugar de apagar el fuego evangelizador, lo atizó todavía más.

Una muestra es el ejemplo del diácono Felipe que comenzó a evangelizar las ciudades de Samaria, con numerosos signos de liberación y sanación. El Papa Francisco lo tomó como centro de su reflexión sobre los Hechos de los Apóstoles (Cfr. Hechos 8, 5ss).

Se relata que Felipe se encontró a un alto funcionario de la Reina de Etiopía, administrador de sus tesoros. Este hombre leía al profeta Isaías. Felipe le preguntó: “¿Entiendes lo que lees?”. El etíope le contestó: “¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?” (Hechos 8,31). 

Ese hombre poderoso, dice el Papa, reconoce que necesita ser guiado para entender la Palabra de Dios, es humilde.

Porque no basta con leer la Escritura, es necesario comprender su significado, estar dispuestos a dejarse transformar por Cristo. Así, Felipe le ofrece la “clave” de la lectura: es Jesucristo, al que él y toda la Iglesia anuncian. El etíope reconoció a Cristo y pidió ser bautizado.

Se preguntaba el Papa, pero ¿quién empujó a Felipe para que se acercara al etíope? Es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el protagonista de la evangelización. ¿Y cuál es el signo de ser un evangelizador? La alegría.

3) Para vivir

El Papa Francisco designó octubre como un “Mes Misionero Extraordinario”, bajo el lema “Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo”. Se trata de ser conscientes que todos en la Iglesia tenemos una misión: la responsabilidad de evangelizar y de llegar a todos, también a quienes no son de la familia de la Iglesia.

Para vivir mejor este “Mes Misionero”, el Papa nos invita a tener un encuentro personal con Jesucristo vivo en su Iglesia, a través de la Eucaristía, de la Palabra de Dios y de la oración.

El 7 de octubre se conmemora Nuestra Señora del Rosario. Ese día se rezará un rosario internacional desde la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, a las 15 horas, a la que podemos unirnos y rezar el Santo Rosario con toda la Iglesia.