domingo, 16 de junio de 2019

LA TRISTEZA (VI): DE LOS OCHO ESPÍRITUS MALVADOS

Mtro. Rubén Elizondo Sánchez,
Departamento de Humanidades de la
Universidad Panamericana. Campus México.
rubeliz@up.edu.mx

Los bienes atraen, invitan, persuaden y mueven hacia el objeto que causa la atracción. Este movimiento se llama amor porque el bien mueve de forma irresistible; es una tendencia o inclinación natural de la afectividad humana, “es aptitud o adecuación al fin, y es complacencia del bien” (STh I-II, q.25 a.2).


Naturalmente deseamos poseer lo que amamos, estar con quien se ama. El amor es la inclinación más natural y poderosa de la afectividad humana. 

El amor no es el enamoramiento, aunque éste forme parte de la inclinación expresada con el término amor. La inclinación que “más se hace sentir” (ibidem, Sol.1) en el conjunto de la afectividad humana es el amor. Y esto por dos motivos: uno, porque el bien es lo primero que intentamos conseguir. 

El segundo se desprende del anterior: si el bien es lo primordial que se intenta obtener luego el movimiento esencial de la vida es hacia el bien.

Las premisas: “lo primero que se intenta conseguir” y “el movimiento esencial de la vida hacia el bien”, son los dos marcos de referencia iniciales que delimitan de manera suficiente la perspectiva filosófica. Resulta esencial entender el concepto de bien para abordar la indagación del significado del espíritu malvado de tristeza.

Son algunos hechos de experiencia: La inclinación natural de la afectividad humana hacia el bien: perseguimos un bien porque nos parece conveniente, y lo valoramos como satisfactorio; la multitud de bienes que se presentan a la consideración propia: tantos bienes como nos muestra la realidad; la decisión personal entre la consecución de un bien con preferencia a otro; la valoración personal de un bien con respecto a otro, y la valoración equivocada de un mal como si fuera un bien.

Es un hecho de experiencia que, si la inclinación natural hacia el bien se extralimita del bien conveniente sea por exceso o por defecto, el movimiento de la afectividad humana “será contrario a la vida humana, en cuanto a la medida de ésta cantidad.” (STh I-II, q.29, a.1) En este sentido, señala Goleman: “Cualquiera puede ponerse furioso. Pero... con la persona correcta, con la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, de la forma correcta... esto no es fácil (La Inteligencia Emocional, cita de la Etica a Nicómaco de Aristóteles).

El estudio de la afectividad humana y de la tristeza es en realidad el examen del movimiento esencial de la vida humana hacia el bien, “porque es propio de la naturaleza que el apetito ―o inclinación― descanse en el bien” (STh, q.29).

La tristeza es justamente la unión con el mal ya presente y considerado como propio. Es la emoción humana que más daño hace, porque se vuelve contra la inclinación esencial y natural de todo hombre hacia el bien.

¿CÓMO CRECER EN LA ALEGRÍA Y EL OPTIMISMO?

Raúl Espinoza Aguilera,
@Eiar51

Sin duda, la alegría, el buen humor y el optimismo son virtudes que hacen más amable la vida en familia y resultan muy formativos por la sencilla razón de que todas las personas hemos nacido para ser felices.

En primer lugar, la alegría se aprende por contagio, es decir, por el ejemplo que los hijos vean en sus padres. Si en el ambiente hogareño se escuchan habitualmente, como se dice coloquialmente, “gritos y sombrerazos”, lo lógico es que haya hijos temerosos, taciturnos, siempre a la espera de alguna reprimenda.

En cambio, si los hijos observan que sus padres se quieren y perdonan y crean un grato entorno de buen humor, entusiasmo, optimismo, comprensión; si saben gozar la chispa de la vida y tantas cosas divertidas que tiene nuestra existencia, eso lo transmiten –casi inconscientemente- en los hijos. Naturalmente, todo ello combinado con la necesaria exigencia y educación en sus virtudes.

De la proclividad a la alegría surgen, otros valores como: el optimismo realista; la esperanza; la seguridad y autoestima; la satisfacción por las obras bien hechas y realizadas; el buen humor; el espíritu deportivo; la paz….

¿Cuáles son las actitudes necesarias para aprender a ser feliz?

1. Saber disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas. Todos conocemos a personas que tienen como la tendencia a mirar “con lentes alegres” lo que de positivo tiene la vida. Y suelen comentar por ejemplo:

-¿Se fijaron qué día tan espléndido luce hoy? El clima está como para ir a hacer deporte o tomar un café con los amigos.

O el marido le dice a su esposa:

-¡Qué sabrosos te quedaron los “chilaquiles”! ¡Qué se repita con frecuencia tu nueva receta!

O el hijo que regresa de la escuela y cuenta entusiasmado:

-¡Hoy ganamos los de mi grupo en el concurso de robótica y pasamos a la ronda interestatal

2. Mostrar un sentido positivo ante las personas y los acontecimientos. Tener la capacidad de descubrir lo positivo en mayor medida que lo negativo. Dice una de las hijas:

-Hoy no me fue bien con las preguntas de Biología, pero me va a servir para ponerme a repasar más a fondo la materia… O aquél otro que comenta: “Por llegar tarde al examen, me bajaron un punto. Voy a cuidar más la puntualidad”. De esta manera, un hecho que podría resultar desalentador o enojoso, se puede convertir en un reto o un suceso positivo.

3.Valorar el trabajo de los demás: reconocer el esfuerzo y los logros obtenidos; estimular alabando el trabajo o el estudio bien hecho y de lo que puede hacerse mejor; animar para que construyan una imagen real y positiva de sí mismos y refuercen los sentimientos de eficacia y seguridad.

4.Sonreír es educar en positivo. Cuando se corrige o se estimula a un hijo de buen modo, con una sonrisa, ¡cuánto ayuda a que los demás busquen superarse alegremente y con espíritu deportivo!

En conclusión, la alegría no está vinculada al tiempo ni a las circunstancias. Se trata de vivir siempre alegres y eso significa flexibilidad, apertura de mente, ilusión, capacidad de asumir riesgos y compromisos. 

La alegría se abre y expande en una persona que se entrega generosamente a los demás. Y, además, tiene la característica de convertir ese gozo de su existencia, en una actitud permanente, estable y segura y -como consecuencia lógica- se acaba siendo muy feliz y haciendo felices a los demás miembros de la familia.

¿EN QUÉ CONSISTE LA MAGNANIMIDAD?

Pbro. José Martínez Colín,
articulosdog@gmail.com

1) Para saber

Cuando se dispara un cañón, no se apunta al blanco, porque la fuerza de gravedad hace que la bala pegue más abajo. Se calcula y se apunta hacia más arriba. Lo mismo pasa en la vida espiritual: si nuestras aspiraciones no son elevadas, el lastre de nuestras miserias hará que ni siquiera esa pequeña altura alcancemos y caigamos.

Como decía alguien: “Apunta a la luna, si fallas, llegarás a una estrella”.


Si no luchamos por ascender, poco a poco nos vamos deslizando hacia abajo y caemos en la tibieza. Algo así le sucedió al Apóstol Judas Iscariote. En el primer capítulo de Los Hechos de los Apóstoles, se relata la elección de un nuevo Apóstol, pues Judas se había quitado la vida aplastado por el remordimiento después de haber traicionado a Jesús. Pero esa traición no fue una acción inesperada.

Comenta el Papa Francisco que Judas ya había comenzado antes a separarse del Señor y de los demás, se había aislado y aferrado al dinero, perdió el sentido de su entrega hasta permitir que el virus del orgullo le infectase su mente y su corazón, transformándolo de “amigo” en enemigo de tal forma que incluso guía a los que arrestaron a Jesús (cfr. Hechos 1:17).

2) Para pensar

Siguiendo con su reflexión sobre el libro de los Hechos de los Apóstoles, el Papa Francisco nos señala cómo no faltaron dificultades y traiciones en el inicio de la Iglesia. Judas había recibido la gran gracia de formar parte del grupo de amigos íntimos de Jesús, pero se alejó de Él en su corazón poniéndolo en las cosas pasajeras.

Hace años decía el Cardenal Ratzinger que la humanidad se encuentra algo así como pendiente de prevenir una hecatombe exterior sea nuclear, fuego, calor, hambre, etc., y pendiente de todo eso ignora que está enfermo por dentro de un cáncer. 

Por tanto, no morirá de esos peligros externos, sino de la descomposición de su propio interior. Con ello se quiere indicar que el peligro del hombre es la de ser destruido desde dentro por la propia decadencia moral. Está como hipnotizado por evitar catástrofes y banaliza las costumbres morales que matan su corazón.

Pensemos si no estamos descuidando nuestro corazón, por atender lo menos importante.

3) Para vivir

Ser magnánimo es tener grandes ideales. Así, por mucho que fallemos en su realización, llegaremos, sin embargo, a una altura razonable. Apuntar siempre alto, si no, tendemos a bajar.

Ante la deserción de Judas, los Once no se desanimaron y se hicieron responsables de que la Iglesia fluyese en la historia. Y como necesitaba ser reconstituido el grupo de los Doce, escogen con la ayuda divina a Matías como Apóstol para dar testimonio de Jesús resucitado.

También nosotros, dice el Papa, debemos redescubrir la belleza de dar testimonio del Resucitado, saliendo de actitudes autorreferenciales, renunciar a retener los dones de Dios y sin ceder a la mediocridad, no apegarnos a cosas y dones. Convertirnos en mártires, es decir, testigos luminosos del Dios vivo. Igual que los discípulos que permanecieron unidos en torno a la Madre de Jesús, preparándose para recibir al Espíritu Santo, también contamos con la ayuda del Espíritu Santo y de la Virgen María para seguir construyendo la Iglesia. 

DOS TEXTOS DEL VATICANO SOBRE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO

P. Mario Arroyo,
Doctor en Filosofía.
p.marioa@gmail.com

La Congregación para la Educación Católica, organismo de la Santa Sede que ayuda al Papa en la dirección y orientación de las universidades y colegios católicos, acaba de presentar el documento “Varón y Mujer los creó”, como una vía para dialogar sobre el tema del género en la educación. 


Se trata del segundo documento magisterial que aborda expresamente la cuestión del género. En el año 2004 apareció la “Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración entre el Hombre y la Mujer en la Iglesia y en el Mundo”. Un documento señala los límites teológicos y antropológicos de la ideología de género, el otro ofrece un discernimiento de sus elementos en orden a proporcionar una adecuada educación de la afectividad.

El texto se sitúa en la tradición del más genuino espíritu cristiano, buscando “transformar positivamente los desafíos actuales en oportunidades”. En vez de descalificar en bloque, busca reconocer las aportaciones valiosas que las diferentes teorías pueden aportar, distinguiendo con precisión aquellos elementos que no son compatibles con la doctrina de la Iglesia o entrañan manipulación, error o engaño. 

Para ello se sirve del clásico esquema triple, al estilo Francisco: primero “escuchar”, después “razonar”, para finalmente “proponer”.

La sabiduría bimilenaria de la Iglesia sabe reconocer los elementos positivos y las legítimasdemandas que laten en las diversas corrientes de pensamiento. En este caso, procura resaltar las aportaciones de la “perspectiva de género”. Esto supone un gran paso, siendo el primer documento magisterial que la acepta como legítima. Distingue la “perspectiva de género”, que puede ser muy valiosa, de la perniciosa “ideología de género”. Mientras que la ideología se muestra dogmática, exclusivista e impositiva, la perspectiva busca simplemente ahondar en lasdiferencias culturales que tienen su origen en el dimorfismo sexual, propio de la naturaleza humana.

¿Cuáles serían los elementos positivos de la “perspectiva de género”, compartidos por la visión católica de la persona? Fundamentalmente “luchar contra cualquier expresión injusta de discriminación”. Esto se concreta, en la tarea educativa, enseñando a niños y jóvenes a “respetar a cada persona, de modo que nadie pueda convertirse en objeto de acoso”. 

La correcta “perspectiva de género” rescata los valores de la feminidad, considerándolos aportaciones fundamentales para la sociedad, como son la “capacidad de acogida del otro” y el “sentido y respeto por lo concreto”.

El texto también incluye un valiente examen de conciencia y reconoce las limitaciones que, en este tema, de alguna manera ha fomentado la visión religiosa a lo largo de la historia. Entre ellas están las “injustas formas de subordinación” de la mujer respecto al varón, las cuales han producido “cierto machismo disfrazado de motivación religiosa”.

A su vez tiene el valor de señalar con nitidez aquellos puntos incompatibles con la doctrina cristiana y con la recta razón, señalando con claridad sus peligrosas consecuencias. El problema está no tanto en la distinción entre sexo y género, sino en su separación dialéctica, la cual supone una innecesaria contraposición entre naturaleza y cultura. 

El género sería más importante que el sexo, que termina por ser irrelevante. El resultado es una visión negativa del matrimonio entre un hombre y una mujer, de los vínculos y obligaciones que produce, por considerarlos herencia de una cultura patriarcal y un límite a la libertad. Ignora así que “la decadencia de la institución matrimonial está asociada a un aumento de la pobreza y de numerosos problemas sociales, los cuales afectan particularmente a las mujeres, los niños y los ancianos”.

El texto denuncia los peligros de la imposición por vía educativa de una forma de “pensamiento único”, la cual hábilmente manipula a la opinión pública: “A menudo, de hecho, el concepto genérico «de no discriminación» oculta una ideología que niega la diferencia y la reciprocidad natural entre el hombre y la mujer”. Se instrumentalizan así los injustos sufrimientos de la mujer o de algunas minorías para imponer la propia agenda política. 

Al hacerlo, se priva a los padres de su legítimo derecho a educar la prole, y se otorga al Estado, desordenada y totalitariamente, su control total.

Para subsanar este abuso propone “reconstruir la alianza educativa entre la familia, la escuela y la sociedad”, brindando una auténtica educación de la sexualidad y la afectividad. Dicha enseñanza debe profundizar en “el significado del cuerpo” y del sexo, fomentando un sano “sentido crítico en niños y jóvenes ante la pornografía descarada y los estímulos que pueden mutilar su sexualidad”.

martes, 11 de junio de 2019

PLANEAR LAS VACACIONES

Raúl Espinoza Aguilera,
@Eiar51

Las vacaciones son una temporada en que los padres deben de prever y adelantarse para que resulten formativas, interesantes y entretenidas.


Recuerdo -en mis años de preadolescencia- mi madre nos inscribió, a dos de mis hermanos y a mí, en un activo club de campamentos y excursiones para caminar por el campo y los montes. El objetivo era tener plan una cada fin de semana. Al principio no nos convencían mucho estos planes campestres, pero poco a poco nos fuimos aficionando a ellos.

Y, con especial gusto, esperábamos el campamento anual en “La Laguna Encantada” al sur de Sonora. Tal ver éramos como sesenta asistentes, junto con instructores. Ahí eran mucho muchas intensas las actividades, como: construir balsas de madera y organizar competencias en la laguna; subir a uno de los montes más altos; practicar el tan popular juego de las pistas nocturnas; carreras con obstáculos, o bien, a campo traviesa; realizar excursiones de un día completo subiendo varios montes de menor altura…

Y todo aquello, dentro de un ambiente de sana y cordial camaradería entre los estudiantes. Los instructores -profesores nuestros- además, nos impartían charlas sobre valores: fraternidad, compañerismo, orden, aprovechamiento del tiempo, sinceridad, fortaleza, estudiar y trabajar con empeño…

Mi padre, por su parte, era un gran aficionado a la música clásica. Siempre animó a mi hermana Yoli a que estudiara algo referente a este bello arte. Y en un verano, ella se inscribió en una academia en la que aprendió a tocar el piano bastante bien. 

Sin tanto éxito como Yoli, un verano yo también me apunté a tocar y a cantar canciones rancheras, de rock and roll y pop. La profesora, era muy cordial, con una voz privilegiada (cantaba ópera) aunque, como suele ocurrir en algunos de estos casos, era algo temperamental. Lógicamente el hecho ir todos los días con esta maestra, a las cuatro de la tarde y con altas temperaturas (alrededor de los 40 grados), a recibir lecciones, muchas veces resultaba fatigoso, cuesta arriba, monótono.

Pero esa perseverancia fructificó porque al llegar la edad de la adolescencia, nunca me imaginé que tocar la guitarra y cantar las canciones de moda, sería un buen modo de relacionarme con amistades, organizar pequeñas reuniones sociales y, en otras ocasiones, dirigir tertulias musicales con la guitarra eléctrica.

Tengo un recuerdo muy vivo del acompañamiento de mis padres ante estos hobbies o aficiones. Con el paso de los años, Yoli se convirtió en magnífica maestra de piano. 

Mis otros hermanos cultivaban también su afición por las buenas lecturas, las excursiones, la natación, los paseos en bicicleta a la “Laguna del Náinari”…

Sin duda, son lecciones inolvidables porque dejan una honda huella en la formación de cada uno de los hijos.

lunes, 10 de junio de 2019

LA HISTORIA DE MASAHIRO YUKI

Pbro. José Martínez Colín
articulosdog@gmail.com

1) Para saber

La historia es una ciencia muy antigua. Es Heródoto en el siglo V A. C. quien decide escribir todo aquello que merecía ser recordado, procurando diferenciar lo verdadero de lo falso, y por ello reconocido como el primer historiador.


La Sagrada Escritura también contiene muchas historias, sin embargo, es mucho más que un libro de historia. El Papa Francisco se pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre la Biblia y un libro de historia? Y responde: La diferencia es que las palabras de la Biblia, aún escritas por hombres, tienen una fuerza muy grande dada por el Espíritu Santo, una fuerza eficaz para que sean semillas de santidad y de vida.

Habiendo terminado la catequesis sobre el Padre Nuestro, ahora el Papa empezó unas reflexiones sobre un libro de la Biblia: Los Hechos de los Apóstoles, escrito por San Lucas Evangelista. Nos habla de la historia de un viaje peculiar. El comienzo del viaje del Evangelio en el mundo, que inaugura el tiempo de la evangelización.

2) Para pensar

Masahiro Yuki era un inquieto joven japonés ateo muy interesado por la historia. Ese interés le acercará a Dios como él mismo afirma: “Cuando era pequeño no era cristiano, sino ateo. En mi familia no teníamos ninguna fe, ninguna creencia. Pero cuando estaba en el colegio me interesaba mucho la Historia del mundo y la Historia de la Iglesia”. Así que estudió y lo que más le impresionó fue conocer la universalidad de la Iglesia Católica y la caridad cristiana… Descubrió que la Iglesia no es una institución humana, sino sobrenatural con el sucesor de San Pedro y vicario de Cristo en la tierra. Así que decidió convertirse al cristianismo.

En el año 2010 recibió el Bautismo, la Confirmación y la Primera comunión, entonces tenía 18 años. Poco después Masahiro descubrió que tenía vocación al sacerdocio y actualmente se prepara para ello. Al principio su madre no lo entendía y se enfadó mucho, pero ahora ya lo aceptó y está muy contenta.

Los Hechos de los Apóstoles nos narran los orígenes de la Iglesia Católica. Pensemos si nos acercamos a la Palabra de Dios con la disposición de ser transformados

3) Para vivir

Así como toda historia tiene protagonistas, el libro de los Hechos de los Apóstoles tiene dos protagonistas muy unidos, dice el Papa, “son realmente una «pareja» viva y efectiva: la Palabra y el Espíritu”.

Puede sorprender que la Palabra de Dios haya sido pronto aceptada por tantos y en distintos lugares, aunque no faltaran detractores. ¿Cómo fue posible? No fue debido a hermosos discursos, sino gracias al Espíritu Santo, cuya fuerza tiene el poder de purificar la palabra humana para hacerla portadora de la verdadera vida y expandir así el pueblo de Dios.

El libro de “Los Hechos de los Apóstoles” comienza mostrando cómo la Resurrección de Cristo nos trajo una nueva vida, la vida de la gracia. Y gracias al bautismo en el Espíritu Santo adquirimos esa nueva vida.

Vivamos conscientes de tener esa vida divina y leamos la Biblia con buenas disposiciones para ser transformados interiormente, pues la Palabra de Dios es capaz de iluminar los corazones, de quitar resistencias y muros de división. 

EL ESTREMECEDOR CASO DE LA HOLANDESA NOA POTHOVEN

P. Mario Arroyo,
Doctor en Filosofía.
p.marioa@gmail.com

El caso de Noa Pothoven ha causado clamor, y con razón, en la sociedad. Pero dicha consternación entraña, sin embargo, una honda incoherencia o, según se quiera ver, un problema irresoluble. Podríamos llamarla “mártir del absurdo de la vida”, “mártir de la injusticia” o “mártir del vacío existencial”. 



Al momento de redactar estas líneas, parece que, más que Eutanasia, se trató de un suicidio, en este caso no asistido, sino consentido. En él podemos detectar algunas de las hondas contradicciones e incoherencias a las que nos conduce la “desarrollada” sociedad del bienestar.

Su historia es dura y contrastante. Abusada sexualmente a los 11 y a los 12 años, violada a los 14 por su primo, padece, consecuencia de esos abusos, anorexia, estrés postraumático y depresión. 

Solicita la eutanasia a los 16 años (momento en el cual es legal pedirla en Holanda sin el consentimiento de los padres), es rechazada. Finalmente se deja morir, de hambre y sed, desconectándose de la sonda nasogástrica que la mantenía viva. 

Su madre denuncia a la burocracia holandesa que le impidió recibir la ayuda psiquiátrica necesaria. Un año antes de morir publica su autobiografía titulada “Ganar o aprender”, donde narra sus abusos sexuales y la falta de apoyo que recibió. 

El libro se convierte en un best seller holandés, ella en una “influencer”, que a través de las redes sociales va relatando, primero su lucha por vivir, finalmente su empeño en morir, el cual concluye con una frase, a la par emotiva y oracular, capaz de convertirse en pegajoso grito de batalla: “El amor es dejar marchar. En este caso, así es”.

¿Por qué contradicciones?, ¿por qué incoherencias? No es simplemente decir: ¿“no quieres vivir más, muy bien, te dejamos morir”? La respuesta sencilla y superficial consiste en afirmar justamente eso: se trata de un ejercicio de la libertad; ella eligió no vivir, y nadie tiene derecho a sostener lo contrario, a decir que merecía la pena vivir, porque nadie estaba en sus zapatos ni experimentaba su sufrimiento. Pero así enunciado, si bien simple, sencillo, huele mal.

Se corre el peligro de instrumentalizar su dolor y respaldar su trágica decisión.

En primer lugar, contradicción porque, por un lado, exaltamos su figura, su legado, su mensaje, pero por otro legitimamos que muera. Lo hacemos como lo hizo su familia: dejándola morir; no es un “suicidio asistido”, sino “consentido”. Estrictamente hablando, su familia la dejó morir de hambre y sed. 

Esto es, como si su vida no tuviera un valor objetivo, sino puramente subjetivo, el valor que ella quería darle. Contradicción porque el hecho de que fuera capaz de contar su historia, escribir a los 16 años una autobiografía de éxito y ser una "influencer", pone en evidencia la valía y el impacto de su vida, vida que no custodiamos ni defendimos. La tratamos, simultáneamente, como si su vida valiera y no valiera.

Incoherencia porque no se ofrecieron más opciones. Como si la única alternativa digna fuese dejarla morir, cuando constaba médicamente que tenía varias enfermedades psíquicas. En vez de curar los trastornos psíquicos, pareció más adecuado dejarlos seguir su curso. 

Si aplaudimos su suicidio, implícitamente estamos afirmando: es mejor defender las consecuencias de los desórdenes psíquicos, en vez de intentar curarlos. No podemos defender su derecho a tener la conveniente asistencia psiquiátrica y, al mismo tiempo, su “derecho” a dejarse morir, como consecuencia de sus desórdenes psíquicos. Obviamente, es más sencillo y barato dejar seguir su curso a la enfermedad que intentar curarla.

Incoherencia porque, por un lado, afirmamos nuestro cariño y admiración por ella, reconocemos la injusta situación dolorosa que causó su padecimiento –los abusos sexuales-, pero en lugar de ayudarla a vivir, a superar ese doloroso trance, secundamos las consecuencias últimas de dicha injusticia. 

El mensaje es tremendo: la última palabra la tiene la violación, lo definitivo es la injusticia; una vez sufrida, no merece la pena vivir. Lo terrible es que, se manipulan de tal forma los sentimientos, que el amor es dejar morir, cuando dejar morir es matar, pues se trata de una persona que no está plenamente en sus cabales y necesita ayuda. 

El amor, aquí, sería no ayudar o, según se vea, ayudar a que la injusticia y la enfermedad terminen lo que comenzaron. Cuando en nombre del amor dejo morir a quien todavía podría seguir viviendo –no es el caso de un enfermo terminal- algo anda mal en la palabra “amor”.

Es delito no prestar ayuda a quien se encuentra en una grave situación de perder la vida, pudiendo hacerlo, pero debemos dejar que alguien se suicide. 

El valor supremo de la vida es la libertad, pero libremente puedo elegir dejar de vivir. La sociedad más desarrollada carece de las herramientas necesarias para convencer a una adolescente que vale la pena seguir viviendo. No cabe duda que la eutanasia nos enfrenta crudamente a las contradicciones más hondas de nuestra sociedad.