martes, 23 de febrero de 2021

A 30 AÑOS DE LA DESINTEGRACIÓN DE LA URSS

Raúl Espinoza Aguilera, @Eiar51 Con el ascenso al poder supremo de Mijaíl Gorbachov como Jefe de Estado de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1988 a 1991, se comenzaron a respirar nuevos aires de libertad, con sus nuevas políticas como la Glásnost (apertura, transparencia) y la Perestroika (Reconstrucción). Desde 1985 había sido Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. Lo que originalmente pretendía Gorbachov era revitalizar y estudiar a fondo como crear una administración más eficaz y productiva en todas las repúblicas de la U.R.S.S. Permitió que hubiera negocios particulares, libre comercio; empresas con capital ruso, sin intervención estatal. Concedió más libertad de expresión y las críticas hacia su gobierno. En años anteriores, como en la etapa de José Stalin, hacer eso equivaldría a ser condenado a las cárceles de Siberia o a los campos de concentración llamados “Gulags”. Anteriormente los ciudadanos de Hungría se quisieron liberar del yugo totalitario de la Rusia Comunista, pero fueron brutalmente aplastados en 1956 con la intervención del ejército y los tanques soviéticos. Lo mismo ocurrió en la llamada “Primavera de Praga”, en 1968, cuando se pretendió proponer un “Socialismo con Rostro Humano” dirigidos por Alexander Dubcek,, movimiento independentista de la U.R.S.S., que duró escasas semanas. Recuerdo en marzo de 1976, Aleksandr Solzhenitsyn, Premio Nobel en 1970, declaró a los medios de comunicación de Occidente que la U.R.S.S. era “un cadáver en descomposición”. Y afirmando que tarde o temprano terminaría por derrumbarse estrepitosamente porque los soviéticos ansiaban las libertades ciudadanas y el respeto a los derechos humanos. Este célebre escritor había sido encarcelado durante 8 años Siberia por muchos años debido a sus críticas al sistema marxista-leninista y, finalmente, desde el Kremlin decidieron enviarlo al exilio. Sus experiencias las narra en el magistral libro “Un Día en la Vida de Iván Denísovich”. Corría el año 1980 y en Gdnask, Polonia, el líder sindical Lech Walesa fundó la Federación Sindical Polaca, con una gran unión, lealtad y fidelidad inquebrantable de sus miembros a este sindicato, de tal manera que desde Moscú no pudieron disolver a este movimiento obrero. Así que cuando Mijaíl Gorbachov fue designado como jefe máximo de la U.R.S.S., y su llamamiento a tener más libertades, las repúblicas soviéticas subyugadas perdieron el miedo y se sintieron en confianza para realizar cambios radicales. Así las cosas, el 9 de noviembre de 1989, los ciudadanos de Berlín demolieron el Muro que dividía a esta importante ciudad alemana y, en un acto inolvidable, los berlineses del Este y del Oeste se dieron un fraternal abrazo. Los que por televisión presenciamos este trascendental suceso, apenas dábamos crédito de lo que observábamos. A continuación de este histórico hecho, los países bálticos reclamaron su libertad (Lituania, Letonia y Estonia). Gorbachov no reaccionó con la dureza que acostumbraban los anteriores dictadores, y, de la misma forma, en pocas semanas, declararon su independencia Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Georgia, Armenia, Kirguistán, etc. Por otra parte, en 1991, Boris Yeltsin fue nombrado Presidente de la Federación de Rusia. Él impulsó con más fuerza y determinación la total autonomía e independencia de las repúblicas de la U.R.S.S. Ante Mijaíl Gorbachov y el pleno del Comité Central de todas las repúblicas, Yeltsin pidió que se votara por la prohibición del Partido Comunista en Rusia. Moción que fue aprobada por una mayoría absoluta. El 19 de agosto de 1991, los viejos comunistas intentaron dar un golpe de Estado en la U.R.S.S. contra Gorbachov, pero el 21 de agosto, esa intentona fracasó y se detuvieron a los conspiradores. Ante esta irremediable situación en que ya no tenía ciudadanos a quiénes gobernar, Gorbachov presentó su renuncia como Jefe de Estado de la Unión Soviética. De esta manera concluía la llamada “Guerra Fría” (1947-1991). Y Boris Yeltsin se quedó al frente de la Federación de Rusia hasta 1999, vigilando que se consolidara la democracia en todas las nacientes repúblicas libres e independientes. La importante lección histórica que nos deja esta falsa y forzada unión de repúblicas comunistas, es que todas las personas aman y anhelan la libertad, sus derechos ciudadanos; que sean respetados en sus posturas de pensamiento, en la capacidad de organizarse unos y otros sin tener el yugo estatal; en montar corporativos internacionales; en gozar de la capacidad de vivir donde les plazca y de viajar por otros países del mundo, sin nadie que los esté fiscalizando. Cuando el ex Beatle, Paul McCartney dio un concierto a miles de personas reunidas en la Plaza Roja de Moscú, el 23 de mayo de 2003, con la presencia –entre los asistentes- de Vladimir Putin, Presidente de la Federación Rusa, pensé: “De verdad los tiempos han cambiado en Rusia”, porque los admiradores del ídolo se sabían de memoria las canciones de Paul y las cantaban a voz en cuello, bailando y palmeando. Y también meditaba: “Y si todavía vivieran, ¿Qué habrían pensado ante este espectáculo Lenin, Trosky, Stalin y Brézhnev?

viernes, 19 de febrero de 2021

AL INICIO DE LA CUARESMA: LA EXPERIENCIA EN EL DESIERTO

Pbro. José Martínez Colín 1) Para saber Empieza la Cuaresma y como lo dice su nombre, son cuarenta días. Y podríamos preguntarnos ¿por qué son cuarenta? En la Sagrada Escritura el número cuarenta tiene simbolismo: Significa un tiempo de espera, de purificación, de vuelta al Señor. Por ejemplo, Noé pasa cuarenta días y cuarenta noches en el arca, junto a su familia. Moisés, permanecerá ayunando en el monte Sinaí por cuarenta días y cuarenta noches, para acoger la ley. Son cuarenta años los que dura el Éxodo, el viaje del pueblo judío desde Egipto hasta la Tierra Prometida. Jesús, antes de comenzar su vida pública, se retira al desierto durante cuarenta días. En los primeros siglos de la Iglesia, los que deseaban entrar en la Iglesia se preparaban por cuarenta días para recibir el bautismo. Luego se extendió a todos los fieles, para en un camino de renovación espiritual. El Papa Francisco, en la homilía de la Misa del Miércoles de Ceniza, destacó que la cuaresma “es un viaje de regreso a Dios” en el que Dios nos dice: “Vuelvan a mí con todo el corazón”. Un tiempo propicio para discernir hacia dónde está orientado nuestro corazón. 2) Para pensar Cuando están próximos a entrar a la Tierra Prometida, Moisés le recuerda al pueblo judío que esos cuarenta años por el desierto, sirvieron para hacerlos humildes, fue un periodo para conocer lo que hay en su corazón. Y aunque pasaron por fuertes dificultades, nunca les faltó la ayuda divina: cuando tuvieron hambre, los alimentó con el maná del cielo; cuando tuvieron sed, hizo salir agua de una roca… Es la llamada “Experiencia del desierto” (Cfr. Dt 8,2ss). Así nosotros, que estamos en el "desierto" del mundo, tenemos la oportunidad de vivir una profunda experiencia de Dios que nos haga fuertes el espíritu, confirme nuestra fe, nutra la esperanza, y avive la caridad. Se podría pensar en este tiempo de pandemia, como una “experiencia del desierto”, que nos hace conocer lo que hay en nuestro corazón. Al padecer diversas dificultades y sufrimientos, pensemos si seguimos confiando plenamente en la Providencia Divina. 3) Para vivir El viaje de la cuaresma es un éxodo: así como el pueblo judío pasó de la esclavitud a la libertad, también nosotros hemos de recuperar la libertad dejando la esclavitud de la soberbia, de la falsedad, de la sensualidad o de algún vicio. Y la cuaresma es el momento adecuado, dice el Papa, pues en la vida siempre tendremos cosas que hacer y excusas para dar, pero ahora es tiempo de regresar a Dios. Recordando que ninguno se puede reconciliar con Dios con sus propias fuerzas, dice el Papa. Necesitamos volver a Jesús, necesitamos ser curados por Jesús. Nos invita a preguntarnos el Papa: ¿Hacia dónde me lleva el navegador de mi vida, hacia Dios o hacia mi yo? ¿Vivo para agradar al Señor, o para ser visto, alabado, preferido, al primer lugar? Nuestro viaje consiste en dejarnos tomar de la mano. El Padre que nos llama a volver es Aquel que sale de casa para buscarnos; el Señor que nos cura es Aquel que se dejó herir en la Cruz; el Espíritu que nos hace cambiar de vida es Aquel que sopla con fuerza y con dulzura sobre nuestro barro. (articulosdog@gmail.com)

miércoles, 17 de febrero de 2021

EL SIGNO DE LA CENIZA

P. Mario Arroyo, Dr. en Filosofía, p.marioa@gmail.com Como todos los años, llegó el “Miércoles de Ceniza”, esta vez sin carnaval que lo precediera. Entramos al rigor de la cuaresma sin festejo previo que caldeara los ánimos. Más bien al contrario, podríamos decir que nos ha tocado vivir una prolongada cuaresma durante toda esta pandemia. ¿Cuál es la historia y el significado del signo de la ceniza? ¿Por qué goza de tanto arraigo popular? ¿Transmite un mensaje lúgubre o esperanzador? La ceniza tiene un significado penitencial que se pierde en la noche de los tiempos. Ya los antiguos habitantes de Nínive la usaban con este sentido, como también los judíos y, finalmente, los cristianos. En la antigüedad, cuando la celebración de la penitencia era pública y se hacía el Jueves Santo, los penitentes la utilizaban para confesar sus culpas. Cuando la recepción del sacramento de la confesión se hizo privada, se mantuvo el signo de la ceniza como inicio del tiempo cuaresmal. A partir del siglo X se hizo obligatorio para toda la Iglesia. ¿De dónde se toma la ceniza? La tradición, desde el siglo XII, es que se elabore con los ramos del Domingo de Ramos anterior. Al imponerse, en la frente o en la cabeza, se utiliza una de las siguientes fórmulas: “arrepiéntete y cree en el evangelio” o “polvo eres y en polvo te convertirás”, esta última tomada de las palabras que Dios le dirigió a Adán después del pecado original (Génesis 3, 19). Este año, por la pandemia, se modifica levemente el rito, de forma que solo se pronunciará una vez la fórmula de imposición, para luego poner la ceniza en silencio sobre la cabeza de cada fiel, o se repartirá en pequeños sobres a los fieles. La ceniza, en su materialidad, con la marca de la cruz sobre la frente, y la sentencia que la acompaña, es un signo fuerte. Nos recuerda la caducidad de nuestra vida, la fugacidad de todas las cosas materiales, la banalidad de tantas inquietudes que agitan nuestro corazón. Pero al hacerlo, nos invita a mirar nuestro auténtico destino, nos ayuda a elevar la mirada por encima de lo perecedero y descubrir nuestra vocación a la eternidad. La ceniza nos ayuda así a mirar más alto, por arriba de los afanes que tantas veces sacuden nuestra existencia, hacia la vida eterna. El pueblo fiel, en su sabiduría, no exenta de la inspiración del Espíritu Santo, ha captado el mensaje; descubre su oportunidad, sabe que lo necesita. Una vez al año, por lo menos, recordamos que somos mortales y llevamos la marca de ello sobre nuestra cabeza. La ceniza se convierte así en el mejor antídoto frente a la superficialidad, el hedonismo y el consumismo. Una vez al año recordamos nuestro destino, nuestra llamada a la eternidad, lo que nos permite elevarnos por encima de las cosas materiales y las preocupaciones ordinarias. Podemos relativizar así nuestros problemas, mirar la vida y sus dificultades con serenidad. ¿No resulta, todo sumado, un tanto tétrico el mensaje de la ceniza? Depende cómo se lo vea, pues en realidad puede ser iluminante y esperanzador. Cuando muchas veces estamos absortos, absorbidos por los afanes de esta vida, nos viene bien recordar su finitud, y el hecho de que nuestra existencia no se agota en estas coordenadas espacio-temporales. Nuestra vocación a la eternidad nos proyecta hacia la verdadera esperanza, con la cual podemos hacer frente a los trabajos y sinsabores de la existencia. La ceniza en particular, y la cuaresma en general, miran al meollo de la condición humana. Su capacidad de resiliencia, de rehacerse o, en términos más clásicos, su apertura a la conversión. El sentido de la penitencia cuaresmal es claro: no conformarnos con lo que hasta ahora hemos hecho, ser conscientes de que somos capaces de ofrecer una mejor versión de nosotros mismos. La cuaresma y la ceniza nos recuerdan que no estamos determinados por nuestros errores y fracasos; por el contrario, siempre queda la posibilidad de reinventarnos, rehacernos, y cambiar para mejorar el guion de nuestra vida. Es humano errar, pero más humano es rectificar. La ceniza nos recuerda que no somos perfectos, que todavía no hemos alcanzado el clímax de la condición humana, pero estamos en camino, a través de un proceso de continua mejora. La cuaresma es, simplemente, el momento de acelerar el paso, de enfocar los objetivos, y la ceniza nos lo recuerda.

¿POR QUÉ EL ABORTO SE SIGUE APROBANDO EN NUESTRO TIEMPO?

Raúl Espinoza Aguilera, @Eiar51 La república de Argentina en fecha reciente aprobó el aborto. El Presidente de Estados Unidos, Joe Biden quiere elevar a rango constitucional el aborto. En otros países, como México, se encuentra en estudio la posibilidad de aprobarlo. La pregunta es: ¿Se han vuelto locos los gobernantes y legisladores? ¿Alguna vez han visitado una clínica en la que se destruyen vidas humanas y se arrojan a los basureros? Son pequeños cadáveres mutilados, destrozados, deformados; bebés a los que se les arrancaron sus brazos, sus piernas y machacaron sus cabecitas. Es un espectáculo tremendo de observar. No se puede llegar a comprender que tanta crueldad ocurra en este siglo XXI, que se jacta de ser la época de los derechos humanos y del respeto por el medio ambiente, los animales y la flora y la fauna submarina. Las frases que se suelen emplear para justificarlo son: “Aceptar el aborto es propio de ‘sociedades de avanzada’; ‘políticamente correctas’; de ‘’apertura a los nuevos tiempos’ ”. Los que no se dice es que detrás del aborto se mueve mucho dinero: hospitales, médicos, enfermeras, material quirúrgico, medicamentos. Lo que podemos afirmar, con absoluta certeza, es que se trata un lucrativo negocio porque, como sostenía el Doctor Bernard Nathanson hace años: “Es cuestión de aritmética: a 300 dólares cada aborto, y si lo multiplicamos por 1,550,000 abortos, nos encontramos con una industria que produce más de 500 millones de dólares anualmente, de los cuales, la mayor parte van a parar a los bolsillos de los médicos que lo practican”. Existen numerosos millonarios del Primer Mundo que se oponen abiertamente al desarrollo demográfico de países en vías de desarrollo. Y, en vez de apoyarlos económicamente para que sean autosuficientes, prefieren irse por la vía del exterminio y aniquilación. Ese fue el mismo camino que determinó Adolfo Hitler, líder del nacionalsocialismo alemán, en sus tristemente célebres campos de concentración. Lo que nunca he llegado a comprender cómo es que enfervorizó a millones de arios para detener, maltratar, humillar, torturar y asesinar a miles y miles de judíos. Sabemos que en su mente perversa también los latinoamericanos y afroamericanos nos encontrábamos en su lista macabra porque de la misma manera éramos considerados seres inferiores que no teníamos derecho a existir. He leído varias historias dramáticas, me viene a la memoria, por ejemplo: una enfermera que colaboró en varios abortos y, al finalizar la jornada, al salir del quirófano y pasar por los botes de basura, escuchaba el lamento de un bebé que había quedado con vida. Ella se movió a compasión, lo recogió, lo llevó a escondidas a su casa, lo limpió, lo curó, le brindó sus cuidados médicos, lo alimentó. Luego le proporcionó educación y cariño como si fuera su hija. Pudo desarrollarse con normalidad e incluso llegó a asistir a la universidad. Con el tiempo, se casó y tuvo hijos. Ella quiso brindar su testimonio en diversos medios de comunicación y me llamó mucho la atención el hecho de que afirmó que no guardaba rencor ni resentimiento contra sus padres naturales ni contra el médico que la abortó. Y, en cambio, un gran agradecimiento a Dios y a la enfermera que le permitieron vivir y desarrollarse como ser humano. Su conclusión fue hacer un urgente llamado para frenar este demencial genocidio silencioso. Da mucha pena ver en los medios de comunicación a cientos de jovencitas que se colocan su pañoleta verde y levantan sus puños manifestando su apoyo al aborto. Sabemos que han sido “mentalizadas” o manipuladas con unas cuantas frases superficiales y no tienen la menor idea de lo horroroso que resulta el destrozar a una criatura indefensa e inocente en el seno de su madre y privarla de su primer derecho humano: el derecho a vivir. Estas jóvenes dicen que con ello manifiestan su “liberación femenina”. Pienso que a ellas serían a las primeras a las que habría que llevarlas a esas clínicas en las que se practica el aborto y que observen detenidamente cómo son arrojados a los basureros y el deplorable estado en que quedan esos pequeños cadáveres destrozados de los bebés. Una última reflexión para animar a los ciudadanos mexicanos a que tengamos una participación ciudadana más activa, dejando de lado la pasividad y la indiferencia, y que hagamos todo lo posible por detener y terminar con este silencioso holocausto, una importante conclusión a la que llegaba el Doctor Bernard Nathanson: “Aprendimos que lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres de buena voluntad simplemente no hagan nada”.

lunes, 15 de febrero de 2021

AMOR Y AMISTAD

Hace unos años, desencantada, una chica se lamentaba: “ya no existe el amor romántico, ahora, tristemente, todo es sexo y agarre”. Me dio mucha pena su comentario, para ella era causa de profunda tristeza, porque tenía nostalgia de un amor romántico que consideraba imposible, solo un bello recuerdo del pasado. La delicadeza y el romanticismo habían perecido, anegados por la imparable ola del sexo precoz y salvaje. En efecto, para ella, en cualquier relación, todo terminaba reduciéndose a sexo. Se “agilizaban los trámites” para llegar a eso, perdiéndose así el amor cortés, y con él, no sin culpa de un cierto feminismo, todas las agradables formas de cortesía hacia la mujer. Ella las echaba de menos. Se agilizan los trámites para llegar al sexo, y se multiplican las parejas. La estabilidad en las relaciones cada vez está más averiada. Ya ni siquiera el matrimonio parece punto final en ese proceso, considerándose muchas veces un contrato revisable, cuando no rescindible. No hay un puerto seguro en la vida afectiva de las personas y en la sociedad, estamos condenados a vivir a la deriva afectivamente hablando. Si uno aspira a una relación intensa y efímera, todo está servido. No necesito ni siquiera experimentar el arte de la galantería, la seducción y la conquista. Me basta ahora tener una app, y con ella podemos ir directos al grano. Ahora bien, si aspiro a una relación estable, profunda, duradera, que no dé prioridad al sexo, estoy en problemas. Resulta muy difícil de encontrar, como una aguja en un pajar. Ya no basta poner a San Antonio de cabeza, pues el buen intercesor batalla para crear esas casuales coincidencias que están en el origen de cada historia de amor. Falta la materia prima necesaria, son pocas las personas, aparentemente, que tengan nostalgia del romanticismo y que deseen una relación profunda, duradera, que no tengan prisa por llegar al sexo; una relación respetuosa que no ponga por delante los vehementes reclamos sexuales. Hay que reconstruir el tejido sentimental de la sociedad o, dicho de otra forma, tenemos necesidad de deconstruir el erotismo precoz imperante. ¿Cómo hacerlo?, ¿cómo volver a mostrar las ventajas del amor cortés, del amor galante y respetuoso, de las relaciones estables y duraderas? Se precisa una formación para el amor y la amistad. Tenemos mucha información sexual –varias veces en clase mis alumnos me han explicado gentilmente cosas que ignoraba- pero poca formación afectiva. Necesitamos una nueva formación para el amor y la amistad de forma urgente, pues la sociedad entreteje una invisible cárcel de individualismo en torno a cada uno de nosotros, y de esta prisión no es sencillo salir, y estando en ella no se puede construir el auténtico amor, que es éxtasis, salida de uno mismo por definición. Para alcanzar ese punto espiritual, que nos permite superar el individualismo imperante, paradójicamente tenemos que mirar adentro de nosotros mismos. Es preciso redescubrir y cultivar la interioridad personal, para valorar la del otro. Necesitamos aprender a escuchar nuestra voz interior, la más profunda, pues el ruido y la disonancia ambiental nos impiden reconciliarnos con nosotros mismos, y nos enrolan en un estereotipado proyecto afectivo, a la par común y ajeno. Ser libres bien puede significar ser rebeldes respecto del masivo programa sexualmente monótono de la sociedad. Corremos el peligro real de volvernos superficiales y vacíos, simples réplicas en una monocorde cultura del sexo. El reclamo de la interioridad y de la espiritualidad nos salvará. El amor y la amistad son aquellas realidades que convierten en maravillosa la vida. Pero ninguna de las dos es individualista, egoísta. Individualismo y egoísmo constituyen las antípodas del amor y la amistad. Pero nuestra cultura nos empuja a no mirar más allá de nosotros mismos y nuestros intereses. Se precisa una nueva educación para el amor y la amistad, una nueva propuesta vital, si no queremos perder esos dos tesoros y lamentarnos con nostalgia, como aquella chica, pensado que ya no son posibles. La opción es añorar la felicidad perdida o trabajar nuevamente para reconstruir el tejido afectivo de la cultura, ofrecer como novedosa la alternativa clásica del amor. P. Mario Arroyo Doctor en Filosofía p.marioa@gmail.com

viernes, 12 de febrero de 2021

DÍA DE SAN VALENTÍN

Pbro. José Martínez Colín 1) Para saber Hay un santo que tiene la dicha de ser el patrón de los enamorados: San Valentín. Según la tradición, San Valentín arriesgaba su vida para casar cristianamente a las parejas durante la persecución. En su catequesis, el Papa Francisco consideró que “quien reza es como el enamorado, que lleva siempre en el corazón a la persona amada, donde sea que esté”. La oración, fundada en la Liturgia, ha de vivirse en la vida cotidiana: por las calles, en las oficinas, en los medios de transporte… De esa manera, todo se convierte diálogo con Dios: las alegrías se convierten en motivo de alabanza y toda prueba es ocasión para pedir ayuda. Todo pensamiento puede convertirse en oración. 2) Para pensar El señor Justino Javier Acosta, a sus 75 años, afirmaba que se había casado 12.136 veces y que ese día lo haría una vez más. ¿Cómo es posible esto? Justino lamentaba que muchos le reclaman por qué lo hacía, si ya estaba grande. Pero él les responde que lo hace por amor. Y aclara: “La mujer con la que me voy a casar me parece hermosa. Cocina bien, sí, cocina bien. Yo la quiero a ella porque es muy hogareña, trabajadora, responsable de su hogar y cariñosa. Ella es Teresa. Hace 12.136 días nos casamos por primera vez y el secreto para seguir juntos es volvernos a casar todos los días. Porque para casarme toda la vida, hay que casarnos todos los días”. En un 14 de febrero, el Papa Francisco recibió a más de 20 mil novios por el día de San Valentín. Los alentó a no tenerle miedo a decir “sí” para siempre, ni a dejarse vencer por la ‘cultura de lo provisional’. Estar juntos y saberse amar para siempre es el desafío de los esposos cristianos. En el Padrenuestro decimos ‘Danos hoy nuestro pan de cada día’. Ya como esposos se puede rezar: ‘Señor, danos hoy nuestro amor de cada día... enséñanos a querernos’”. Como el amor de cada día de don Justino. 3) Para vivir La oración realiza milagros, dice el Papa, nos ayuda a amar a los otros, como Jesús ama. Es una vida fea e infeliz la de las personas que siempre están juzgando a los otros. No olvidemos que todos somos pecadores y al mismo tiempo somos amados por Dios. Que sepamos amar con ternura, no obstante sus errores y sus pecados, sin olvidar que la persona siempre es más importante que sus acciones. Así descubriremos que cada persona lleva escondido un fragmento del misterio de Dios. Recemos, pues, siempre por todo y por todos: por nuestros seres queridos, también por aquellos que no conocemos; por las personas infelices, las que sufren. Recemos incluso por nuestros enemigos. Porque la oración dispone a un amor sobreabundante. Somos seres frágiles, pero sabemos rezar: esta es nuestra mayor dignidad. La oración nos transforma: apacigua la ira, sostiene el amor, multiplica la alegría, infunde la fuerza para perdonar. Y cuando nos viene un pensamiento de rabia, de descontento, el Señor nos da la palabra justa, el consejo para ir adelante. Porque la oración siempre es positiva. Siempre. Así los problemas no serán estorbos a nuestra felicidad, sino llamadas de Dios, ocasiones para nuestro encuentro con Él. Y cuando uno es acompañado por el Señor, se siente más valiente, más libre, y también más feliz. (articulosdog@gmail.com)

miércoles, 10 de febrero de 2021

14 DE FEBRERO: LOS FRUTOS DEL VERDADERO AMOR

Raúl Espinoza Aguilera @Eiar51 Recuerdo la letra de una canción de un grupo de música moderna, “Los Apson”, que decía: “Cuando apenas era un jovencito / mi mamá me decía / mira, hijito, si un amor, tratas de encontrar / no la busques, hijo, muy bonita / porque al paso del tiempo se le quita: / busca amor, nada más que amor.” Esto viene a colación por el 14 de febrero, “Día del Amor y la Amistad”. Me gusta conversar con esposos mayores que ya son abuelos o bisabuelos porque son “como libros abiertos de sabiduría”. En esos encuentros me suelen mostrar, por ejemplo, sus fotografías desde cuando eran novios, luego se casaron, de cuando fueron naciendo sus hijos y así más fotos de su álbum familiar, y finalmente, los festejos de cuando cumplieron 50 años de matrimonio o más. Observo su alegría y regocijo con unos relatos en los que abundan simpáticas anécdotas. Desde el momento en que contrajeron nupcias y, como el esposo acababa de concluir su carrera universitaria, ganaba un discreto sueldo. Así que, los cónyuges se fueron a vivir a un pequeño departamento en un modesto condominio. Por supuesto, de renta. Tenían sólo un cochecito viejo y destartalado. Ella se las ingeniaba para hacer rendir la quincena y también tenía un pequeño trabajo. Entre los dos se esforzaban para buscar un mayor ingreso económico para el hogar. Los alimentos en las comidas solían ser sencillos, pero con buen gusto y sazón. También eso era una demostración práctica de amor, en la que participaba el esposo para poner la mesa o lavar y volver a colocar la vajilla en su lugar. Luego, tuvieron su primer hijo. Por falta de medios, ella no podía ir a comprar en la tienda maternal todas las ropitas del bebé, sino que tejió lo que el pequeño iba a necesitar. Y todo con naturalidad, nadie se sentía “víctima”, sino que era ocasión de gratos recuerdos. A base del trabajo constante y esmerado del marido y de la mamá, los ingresos en la familia fueron aumentando. Se cambiaron a un mejor departamento. Y continuó creciendo el número de hijos. De cada hijo se guardaban imborrables recuerdos: desde cuando nacieron; sus años de infancia; cuando comenzaron a asistir al kínder o a la primaria. Por supuesto, eran causa de bromas y buen humor las peculiaridades de cada uno, su carácter, sus ocurrencias, las travesuras infantiles. Y con orgullo relataban cuando la niña o el niño obtenían un buen promedio académico; o habían ganado en un concurso de canto, baile, futbol, o poesía. Después venían las fotografías de la Preparatoria y las de las diversas Carreras Universitarias que libremente habían elegido. “Lo importante es que hayan logrado ser personas de bien”, decía feliz el abuelo. La abuela, a continuación, mostraba con orgullo los recuerdos las bodas de cada hijo. Ella comentaba: “Mira qué “percha” tiene mi hijo mayor””, o bien, “¡Qué guapas son todas mis hijas!”. Les comentaba: -“Este hijo se parece más a usted, señora”. - Bueno –añadía- pero si lo conocieras y lo vieras actuar, hablar, sus gestos y hasta cómo camina, es la viva imagen de su padre”. Y la menor de sus hijas, ¿Qué Carrera estudió? –pregunté. - Ingeniería Química, como su padre. Es muy inteligente y actualmente estudia la Maestría. Intervenía el abuelo: - En realidad, tenemos la fortuna que todos nuestros hijos son dedicados y les ha ido bien profesionalmente. – Además ya tenemos 8 nietos y son nuestra alegría. Cuando vienen, la casa se llena de risas, gritos y algarabía, como cuando mis cinco hijos estaban pequeños –comenta ella con gusto y una amplia sonrisa.. Él concluye: - Somos muy felices en nuestro matrimonio. ¡Valieron la pena tantas privaciones y sacrificios por los hijos y todas estas anécdotas que ahora “nos saben a Gloria”! Mi esposa y yo siempre hemos caminado en el trayecto de la vida buscando tener los mismos ideales y sueños. Desde luego, no han faltado los roces y fricciones, como en toda familia. Pero con comprensión, el saber disculpar, con cariño, todo se supera. Ella también añade: -A veces, me gustaría volver a empezar. ¡Fue tan hermosa cada etapa de nuestro matrimonio! Cuando me lo preguntan, no pierdo oportunidad de contar nuestra historia de amor, que no tiene nada de extraordinaria, pero sí es un testimonio de vida. Después de la reunión, me quedé pensando en cuántos matrimonios pueden dar un testimonio similar, pero lo llevan con tal naturalidad y normalidad que –como se dice- “nunca serán noticia”, pero que influyen eficazmente en su entorno social.