lunes, 10 de diciembre de 2018

LA ORACIÓN QUE SALVÓ AL PAPA

Pbro. José Martínez Colín,
articulosdog@gmail.com

1) Para saber

Comenzado el tiempo de Adviento, la mirada se dirige hacia la Navidad y lo que ella representa. Porque no se trata sólo de recordar lo que pasó hace tantos años, sino darnos cuenta de que el nacimiento de Jesús incide en la vida de cada ser humano. Jesucristo es el Salvador, y su salvación viene a quien la acepta. Por ello la liturgia de la Iglesia nos invita a participar del gozo y la alegría de ser salvados.


Además, Jesús, siendo verdadero Dios y verdadero hombre, se nos muestra como el modelo para cualquier persona. Contemplando su vida aprendemos a comportarnos como verdaderos hombres. Y una actitud constante de Jesús es su vida de oración. El Papa Francisco ha iniciado un nuevo ciclo de catequesis dedicado a reflexionar sobre la oración del ‘Padre nuestro’.

2) Para pensar

San Juan Pablo II fue un hombre de oración. Por ejemplo, cuando sufrió el atentado en la Plaza de San Pedro, lo trasladaron inmediatamente al hospital. Durante el trayecto, su secretario, don Estanislao, lo iba auxiliando, pues unas balas habían derribado al Papa. No obstante, en medio del dolor, iba repitiendo breves plegarias: “¡María, Madre mía! ¡María, Madre mía!”

Hay una anécdota que refleja cómo desde joven era un hombre de oración. En tiempos de la dominación alemana en Polonia, Karol Wojtyla, quien sería Juan Pablo II, estudiaba a escondidas la filosofía y teología para ser ordenado sacerdote, mientras lo alternaba con su trabajo en una fábrica. Así estuvo dos años. 

En 1944, ante la rebelión polaca, los nazis comenzaron a perseguir a los jóvenes y los encerraban en campos de concentración o los fusilaban. Una noche irrumpió la policía nazi donde vivía y empezó a registrar todas las habitaciones. Karol se fue a la cocina y decidió rezar. En Polonia existe la costumbre de rezar postrados en el suelo y así lo hizo. Los nazis pasaron a todas las habitaciones, registraron todo, pero no vieron a Karol, quien no dejaba de rezar. Hasta que se van sin encontrar a nadie. Karol seguía rezando. Podemos decir que la oración lo salvó.

Pensemos si la oración es algo presente cada día y en nuestra vida.

3) Para vivir

Podemos pensar que no tenemos tiempo para rezar. El Papa Francisco comenta que a Nuestro Señor Jesucristo lo buscaban de todas partes, recorría a pie muchos lugares y tenía mucho que hacer y, no obstante, encontraba tiempo para apartarse y rezar. Aunque Jesús rezaba en los actos de liturgia con el pueblo, también buscaba lugares apartados, separados del torbellino del mundo, que le permitieran descender al secreto de su alma.

Jesús es maestro de oración y nos enseña a tener una relación con Dios Padre. Aunque hayamos rezado durante tantos años, siempre debemos aprender. Por ello, nos invita el Papa, deberíamos pedirle:

“Señor enséñame a rezar. ¡Enséñame!”.

Y el primer paso para rezar, dice el Papa, es ser humildes, reconocernos pecadores y débiles. La oración humilde es escuchada por el Señor.

La oración de Jesús es ejemplar, y nos enseña a amar la voluntad del Padre. Las últimas palabras de Jesús, antes de expirar en la cruz, son palabras de los salmos, es decir de la oración de los judíos: rezaba con las oraciones que su madre le había enseñado desde pequeño.

viernes, 7 de diciembre de 2018

GENEROSIDAD: UNA VIRTUD IMPORTANTE PARA VIVIR EN NAVIDAD

Raúl Espinoza Aguilera,
@Eiar51

Una virtud que reviste gran importancia en la convivencia familiar es la generosidad, cu ya única finalidad es hacer felices a los demás, sin pedir nada a cambio.


En casa, los padres deben de estar atentos para dar la batalla contra el egoísmo, para que nadie se centre sólo en sí mismo, por ejemplo, mediante sus celulares, iPads, Tablets, etc. y fomentar que se interesen auténticamente por ayudar a los demás.

Como acertadamente decía el filósofo danés, Sören Kierkegaard: “La puerta de la felicidad se abre siempre hacia afuera”.

A este respecto, recuerdo que, en la pasada Navidad, mi amigo Alejandro les propuso a sus cinco hijos –tres niñas y dos niños- el llevar una despensa de dulces, chocolates y juguetes a un orfanatorio.

Les dijo con suficiente anticipación:

-Quiero que cada uno revise en sus armarios, las muñecas, los cochecitos, libros y otros juguetes que no usen, pero con una condición: que estén en buenas condiciones. No vamos a regalar cosas que no sirvan o estén averiadas, sino más bien, objetos que a cada uno de ustedes signifique un pequeño sacrificio el desprenderse de ellos, ¿de acuerdo?

Después les dijo:

-En la víspera de que vino el Niño-Dios, vamos a ir a visitar a unos niños muy pobres y huérfanos y quiero que sean ustedes mismos quienes les entreguen los regalos y chocolates.

Y en tercer lugar les comentó:

-Ahora, vamos a la papelería para comprar papel y, entre todos, envolveremos con cuidado los regalos y les pondremos moños, ¡así los niños se llevarán una agradable sorpresa!

En efecto, fueron el 24 de diciembre por la mañana, al orfanatorio.

Maritere, de ocho años, le regaló su muñeca a una niña, que ese día se encontraba enferma y en cama. La pequeña, que nunca había recibido un regalo similar, se puso radiante de alegría.

Como era de esperarse, todos los chiquillos se pusieron felices con todos esos regalos que no esperaban.

Martín le regaló a un niño un traje completo de futbol y un balón. El pequeñín le repetía varias veces:

-¿De veras, todo esto es para mí? ¿Entonces, tú también “le vas” al Cruz Azul?

Los hijos de Alejandro pudieron convivir cordialmente un rato con esos niños.

Ya de regreso en el coche, camino a casa, Sofía le comentó a su papá:

-¡Es la mejor Navidad que he pasado en mi vida!

Y el pequeño Carlos añadió:

-Me gustaría que todos los años hiciéramos lo mismo. ¡Desde ahora voy a cuidar mucho más mis juguetes para poder venir a regalárselos a los niños huérfanos!

LA GUADALUPANA EN TIEMPOS DIFÍCILES

Luis-Fernando Valdés,
@FeyRazon     lfvaldes@gmail.com

Por la fiesta de la Virgen de Guadalupe, millones de peregrinos abarrotan cada año su Basílica, mientras que en muchos países también la celebran con fervor. Esta enorme devoción guadalupana, ¿es una fuga colectiva para evadir la dura realidad social y económica? ¿o hay en ella una esperanza verdadera?


1. Crisis social global. Si nos limitamos sólo a contemplar la situación de los países latinoamericanos, donde la devoción a la Guadalupana es muy grande, observamos severos problemas políticos en Venezuela y Nicaragua, una gran crisis humanitaria por la llegada de migrantes a las fronteras sur y norte de México, una inseguridad generalizada causada por la violencia (especialmente en Brasil, Venezuela, El Salvador y México). Además, de la recesión económica de casi toda esta enorme región.

2. Necesidad de una esperanza. La historia reciente, con el caso del marxismo, nos muestra que, ante las crisis sociales y económicas, los seres humanos tenemos necesidad de una promesa de que será posible salir superar esos malos momentos.

Sin importar si un sujeto es creyente o no, es un hecho que éste necesita un motivo grande para esforzarse en el presente, con el fin de mejorar su situación en un futuro no tan cercano. 

El comunismo marxista prometía aquí en la tierra un paraíso que nunca llegó; en cambio, el cristianismo lleva dos milenios ofreciendo una esperanza sobrenatural, que ha ayudado a sobrellevar el dolor físico y moral, y ha transformado poco a poco las condiciones sociales.

3. Una esperanza muy especial. Ante una crisis social y económica, parece que todos los esfuerzos deberían enfocarse sólo al trabajo y a la justicia social. Sin negar esto, la devoción religiosa a la Virgen de Guadalupe lleva a buscar primero la transformación personal como base para la reforma social.

Así nos lo recordaba el Papa Francisco en su viaje a México, en febrero de 2016. Nos explicaba que “la ‘Virgen Morenita’ nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios”.

Aunque eso suena poco práctico, en realidad, “aquello que encanta y atrae, aquello que doblega y vence, aquello que abre y desencadena no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de la misericordia de Dios” (Discurso en la Catedral, 13 feb. 2016).

4. Necesitamos consuelo. Desafortunadamente, las injusticias sociales y la pobreza conllevan mucho dolor: migración forzada, gente desplazada, trata de personas, homicidios, secuestros, pérdida de bienes, etc. 

Y ese dolor necesita ser consolado, pues las meras promesas de justicia o de venganza no confortan un corazón herido. Y precisamente la devoción a la Virgen de Guadalupe es un gran consuelo, justo el que buscan esos millones de personas que no lo han encontrado en este mundo.

Eso mismo lo señaló también el Papa Francisco en aquella visita apostólica: “En aquel amanecer de diciembre de 1531 … Dios despertó la esperanza de su hijo Juan, la esperanza de un pueblo … de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras”.

Y explicó el porqué: “En ese amanecer, Dios se acercó y se acerca al corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos” (Homilía en la Basílica, 13 feb. 2016).

Epílogo. Las palabras de Santa María a San Juan Diego: “¿No estoy Yo aquí que soy tu Madre?”, no son una evasión para nuestro compromiso social. Son más bien, palabras de consuelo y misericordia, que nos permiten sanar nuestro interior lastimado por el dolor y la injusticia, para recuperar la ilusión en trabajar por una sociedad justa y solidaria.

"¿CÓMO PODRÍA EXPLICARNOS EL CIELO?"

P. Mario Arroyo,
Doctor en Filosofía.
p.marioa@gmail.com


Ésa fue la pregunta que me hizo una adolescente de 15 años en clase. Y le contesté: "Muy difícil tu pregunta, porque nunca he estado ahí. Los que lo han visto, como San Pablo, dicen: “Ni ojo vio, ni oído oyó, lo que Dios tiene preparado para los que le aman.” No podemos imaginárnoslo porque no es una realidad sensible, a la que estamos acostumbrados por los sentidos (vista, tacto, gusto), sino una realidad espiritual.


De todas formas, la teología permite avanzar unas ideas válidas sobre cómo es el cielo, con base, claro está, en la Biblia. San Pablo es muy claro, en la Epístola a los Corintios, cuando afirma que en el Cielo cesarán la fe y la esperanza, pero no la caridad. La ley del Cielo, el ambiente del Cielo, es la caridad. 

¿Qué quiere decir esto? Que vamos a dedicarnos a amar a Dios y en Dios a los demás. Ver a los demás con los ojos de Dios, quererlos como los quiere Dios.

En este sentido, suelo comentar, en el Cielo sí que habrá “clases sociales”, “desigualdad.” ¿Por qué? Quienes más hayan amado a Dios en esta vida, más capacidad de amarlo tendrán después en el Cielo. Estarán más cerca de Dios los santos que más lo hayan querido: San José, San Juan, Santa Teresita, San Juan Pablo II, San Josemaría, Santa Teresa de Calcuta y un largo etcétera.

 Quien se salve en el último minuto, después de una vida desordenada, alcanzará el Cielo por Misericordia de Dios (en realidad, todos los que lleguemos –espero encontrarme entre ellos- lo tendremos por su Misericordia), pero su capacidad de amar a Dios será mucho más pequeña que la de quien toda su vida cultivó el amor a Dios. 

La que está más cerca de Dios, quien es modelo de la Iglesia y sobrepasa a todos los santos, es la Virgen. Todos están en el mismo Cielo, pero la capacidad de Dios que tiene cada uno será diferente.

Ahora bien, precisamente porque en el Cielo impera la caridad, el amor a Dios, a los demás y a uno mismo ordenadamente, no habrá envidias ni comparaciones. 

Es decir, parte del premio y de la alegría del que se salvó "por un pelito", quizá por las aves marías que de niño rezó, teniendo después una vida disoluta y perversa, arrepintiéndose por intercesión de la Virgen en el último segundo, parte de su premio, decía, será ver la gloria que alcanzan los demás en el Cielo.

Es decir, al imperar la caridad, en el Cielo reina una absoluta comunión. Todos estaremos profundamente unidos; los bienes de los demás, en cierta forma serán míos, me producirán gozo, alegría, no recelo ni envidia. 

No me compararé con los otros, me alegraré con sus dones, que me llevarán a dar más gloria a Dios, y aumentarán mi felicidad, no la empañarán.

El Cielo es, entonces, un misterio de profunda comunión, de profunda fraternidad, donde recuperaremos, purificados de toda ganga de egoísmo, los amores nobles que hayamos cultivado aquí en la Tierra, potenciados y ennoblecidos por el amor a Dios. 

En Dios amaremos a nuestro padres, hermanos, amigos y amores de la Tierra. La alegría y el gozo de mi hermano aumentarán los míos.

Por eso, podemos ir adelantando el Cielo aquí en la Tierra. Si amamos a Dios, si desterramos el egoísmo u amor propio desordenado, si los triunfos y alegrías de los demás nos dan gusto y no envidia, si en nuestro interior reina la paz y nos sentidos unidos a quienes nos rodean, de alguna forma anticipamos el Cielo, lo pregustamos. 

Para eso sirve la vida espiritual, vida interior o vida sobrenatural. A eso conduce o a eso debería conducir, y si no lo hace, no es auténtica. 

En la vida práctica, me lleva a ver lo bueno de los demás y a sufrir con sus dolores y sus miserias; no produce nunca un celo amargo o fastidio por que no hacen las cosas bien. 

Por el contrario, los errores y faltas de los demás me llevan a rezar por ellos, a comprenderlos e intentar ayudarlos.

Es decir, a verlos como los ve Dios, con sus capacidades y posibilidades, no a juzgarlos crudamente.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

DOS OPCIONES CONTRA LA CORRUPCIÓN

Mtro. Rubén Elizondo,
Departamento de Humanidades, Campus México.
rubeliz@gmail.com

En el discurso de toma de posesión del Presidente Andrés Manuel López Obrador brilló de nuevo la diatriba contra la corrupción, uno de los ejes centrales proclamados durante su campaña.


No son pocas las protestas desde múltiples ámbitos nacionales contra el cáncer que corroe las numerosas instituciones que conforman el humus de nuestra patria. Si bien la corrupción forma parte de la historia de la humanidad, no es indicativo de todos los humanos en forma individual.

El afán desordenado por los bienes materiales no debe su crecimiento a las superestructuras, como escribió Marx. La avaricia debe su intensificación a la carencia de autolimitación de la persona singular, así como a la pérdida del interés por los más necesitados.

No basta la encomiable voluntad política encauzada hacia la disminución de este mal. Es imprescindible, además, la voluntad moral personal para corregir los derroteros de la corrupción. Y a quién le compete principalmente dar ejemplo es a la más reconocida autoridad del país.

Pero no solamente a la autoridad mayor, sino a las demás autoridades del país, a los miembros del gabinete, a los empresarios y los líderes, al poder legislativo, al poder judicial, y los medios de comunicación masivos, sindicatos y a quién sea cabeza en cualquier institución.

Porque el ejemplo de la moral –que no es religión— procede naturalmente en cascada, de arriba hacia abajo, como bien lo señaló el Presidente utilizando la analogía del barrido de las escaleras. 

La corrupción nunca se podrá eliminar del todo porque todos podemos hacer mal uso de la libertad, y equiparar de manera consciente un bien aparente con un bien real.

Las verdaderas raíces para evitar en lo posible este cáncer, se alimentan por medio de las auténticas opciones contra la corrupción. Menciono las dos más importantes: las comunidades abarcables –familia, colegio, universidad- en donde convivimos con los significant others, y de quienes aprendemos la honestidad, lealtad, probidad, justicia y demás valores personales enderezados a la perfección personal y social. 

Cuidar las sociedades naturales e intermedias demanda esfuerzos sin precedentes en la situación actual.

¿Queremos que ésta lacra siga creciendo como un cáncer en nuestras instituciones políticas, económicas y educativas? Sin educación en valores morales continuará la desazón y el disgusto del ciudadano promedio hacia las entidades públicas y privadas, y con toda razón.

Me sorprende leer y escuchar a diario noticias de la punta del iceberg. No es muy alta, pero indica la profundidad del deterioro. A las buenas ideas y a las óptimas intenciones hay que ponerles patas. ¿Será capaz la nueva administración de reordenar hacia lo mejor?

Trato de mostrar la sencillez de una genuina preocupación personal cuando afirmo que los esfuerzos para contener este tumor, al día de hoy, ofenden ciertamente por carecer de eficacia y por que son insoportablemente anodinos e insignificantes.

Según se comporten las personas que conforman la sociedad, así serán de eficientes y justas las instituciones comprometidas potencialmente en la reforma de la cultura del trabajo. Es necesario superar el nivel de los legalismos democráticos, de suyo contingentes, por el reconocimiento de valores que no cambian, que siempre son así: componentes determinantes para el bienestar de cualquier organización humana o natural.

Reconocer los fallos personales por desafortunados que sean, es el principio del inicio de una disposición estable para cultivar en uno mismo la honradez, la justicia y la responsabilidad. De esta manera, se podría inaugurar el restablecimiento de la confianza y credibilidad tanto pública como privada, tan dañadas en recientes décadas.

No basta, por noticioso que sea, inspeccionar los efectos externos de la corrupción. Es imprescindible sondear en sus raíces culturales y antropológicas para detallar los rasgos definitorios que nos presenta una prosperidad institucional corrompida, si es que pueda llamarse así. 

La solución que propongo transita por recuperar los valores de nuestra cultura occidental. Back to basics!!

Ya basta de política, empresa y mass media monótona, sensacionalista y simple. Tal vez tendríamos que aprender de nuevo las tablas de multiplicar, con números casi igual de grandes, como los que se usaron para enseñarnos a sumar.

martes, 4 de diciembre de 2018

TRANSMITIR HISTORIAS POSITIVAS SOBRE MÉXICO Y LOS MEXICANOS

Raúl Espinoza Aguilera,
@Eiar51

Hace unos días asistí a una reunión organizada por la institución “A Favor de Lo Mejor” con la finalidad de generar un movimiento que emplee la comunicación para inspirar al país y cambiar el ánimo, así como la percepción de México y los mexicanos. Se trata de crear “una nueva narrativa” para ayudar a transformar a nuestro país. A este movimiento se le ha denominado: “Por ti, México. Contemos buenas historias” (ver www.portimexico.mx).


Cuando su Director Nacional, el Lic. Francisco Javier González Garza, exponía este interesante proyecto a un nutrido auditorio compuesto por empresarios, comunicadores, catedráticos, intelectuales, rectores de universidades y personas que ejercen un liderazgo en la sociedad, me vinieron a la memoria dos imborrables recuerdos cuando estuve, por muchos años, dando clases en una labor social y asistencial, como profesor de la escuela “Educar, A. C.”, con más de 1,600 alumnos, ubicada en el municipio de Ixtapaluca, Estado de México.

El primero, relacionado con la aguda crisis económica de diciembre de 1994 en adelante, en que muchas personas perdieron sus empleos, me impresionó mucho cómo cuando un padre de familia era despedido en forma inesperada de su trabajo por recorte de personal, sus padres y hermanos le brindaban todo el apoyo necesario para que no afectara a la manutención de su familia ni a los estudios escolares de sus hijos.

Cada numerosa familia se hacía solidaria con ese trabajador desempleado. Eso sí, le solicitaban que pusiera todos los medios a su alcance para conseguir un trabajo cuanto antes. Pero podían pasar 4 ó 6 meses y la familia continuaba apoyándolo.

Y otro aspecto importante, nunca me percaté que “le pasaran la cuenta”, sino que era una auténtica generosidad, caridad y espíritu fraterno.

Otro recuerdo admirable: a lo largo del año, los habitantes de San Francisco Acuautla -poblado en los alrededores de Ixtapaluca, donde está ubicado el colegio- acostumbraban ahorrar dinero. De tal manera que, los días previos al 12 de diciembre en que miles y miles de peregrinos pasan por esos rumbos a pie o en bicicleta y acuden con fervor a visitar el Santuario de la Virgen de Guadalupe procedentes de distintos puntos de Puebla, Tlaxcala, Veracruz…

Los padres de familia de Acuautla, ponen mesas en las banquetas con todo tipo de alimentos y bebidas: tamales, tortas, sopes, tacos, pan dulce, atole, café, botellas de agua, etc., e incluso, asisten a los que vienen con llagas en los pies, alguna cortadura, dolor de cabeza, con resfriado o algún malestar estomacal.

¿Y cuánto les cobraban? Absolutamente nada. Todo ello consistía en un colectivo acto solidario de auxilio fraterno a los peregrinos. Y, además, practicado con toda naturalidad, sin hacer alarde de ello.

Me parece que todos estamos en condiciones de contar buenas historias a través de los diversos medios de comunicación para destacar las enormes virtudes y valores de México y los mexicanos, y así, generar “una nueva narrativa” de nuestra sociedad; de ese México que todos queremos y soñamos.

¿NECESITO TRASPLANTE DE CORAZÓN?

Pbro. José Martínez Colín,
articulosdog@gmail.com

1) Para saber

En su anterior catequesis el Papa Francisco concluyo su reflexión 
sobre los Diez Mandamientos considerándolos en su conjunto.



Si contemplamos la vida a la que nos invitan los Diez Mandamientos nos encontramos delante de Cristo, pues el Decálogo es como su radiografía: nos describen una vida llena de libertad, fiel, generosa, amante de la vida, agradecida y sincera: “Mirando a Cristo vemos la belleza, el bien, la verdad”. 

Por ello, no se pueden ver a los mandamientos como simples prohibiciones, sino que son una invitación a una vida plena, evitándonos caer en la esclavitud de los ídolos de este mundo.

Aunque algunos mandamientos están dicho de modo negativo, como no robar, no insultar, no matar, no mentir, no tener malos pensamientos–, esos “no” se transforman en un sí al amar, sí a dar lugar a los otros en mi corazón puro, sí a ser veraz y respetuoso.

Esta es la plenitud de la ley que Jesús ha venido a traernos. En Cristo, y solo en Él, el Decálogo se convierte en la auténtica verdad de la vida humana, es decir, deseo de amor.

2) Para pensar

San Juan Bosco dedicó mucho esfuerzo en formar a jóvenes. Tarea que tuvo sus frutos. En una ocasión en que les habló de santidad a un grupo de jovencitos, uno de ellos se acercó y le confesó que sentía un gran deseo de ser santo. Era Domingo Savio, quien también llegaría a ser santo. El Espíritu Santo había sembrado en su corazón el deseo de santidad y cumplió con cuidado los diez mandamientos, prefiriendo morir a ofender al Señor, decía.

Poco después San Juan Bosco le preguntó qué desearía como regalo de cumpleaños. El muchacho le reiteró sus deseos: “El regalo que le pido es que me ayude a ser santo. Quiero darme todo al Señor, para siempre. Siento verdadera necesidad de hacerme santo; y si no me hago santo, no hago nada. No será feliz mientras no lo sea”.

Santo Domingo Savio, nació el 2 de abril de 1842 y murió tres semanas antes de cumplir los 15 años de edad, siendo uno de los santos, no mártires, más jóvenes de la Iglesia católica. Su fiesta se celebra el seis de mayo. 

Pensemos si fomentamos en nuestro corazón los buenos deseos inspirados por el Espíritu Santo.

3) Para vivir

Para vivir según los mandamientos, necesitamos un corazón nuevo. El Papa Francisco se pregunta: “¿Cómo ocurre este trasplante de corazón, del corazón viejo al corazón nuevo?” Eso ocurre cuando comenzamos a querer cumplir los buenos deseos de ser mejores, de querer agradarle a Dios. 

Esos deseos sembrados por Espíritu Santo comienzan a crecer en nuestros corazones y así vamos adquiriendo un corazón nuevo. Son deseos del bien, de hacer el bien, de alegría, de paz, de magnanimidad, de benevolencia, de mansedumbre, dominio de sí, de la belleza de la fidelidad, de la generosidad y de la autenticidad.

Esos buenos deseos nos rescatan del engaño de las idolatrías que tienen poder sobre nosotros. Cuando seguimos el deseo de vivir según Cristo, entonces abrimos la puerta a la salvación, y se encuentran la alegría de Dios por amarnos y nuestro gozo por ser amados. 

El Decálogo es contemplar a Cristo y recibir al Espíritu Santo con los santos deseos de santidad que nos inspira.