viernes, 21 de julio de 2017

LA DEPRESIÓN, EL MAL DEL SIGLO

Cada vez son más las personas que sufren de depresión en nuestro tiempo. ¿Cuáles  son  las causas  de esta enfermedad    del sistema nervioso?

Son diversos los factores que la provocan: 1) la pérdida irreparable de un ser querido; 2) los fuertes conflictos familiares; 3) el trabajar bajo mucha presión; 4) el vivir habitualmente con demasiado estrés y llevar una actividad vertiginosa, sin concederle descanso al cuerpo ni a la mente; 4) el tener una personalidad proclive al pesimismo o ser demasiado negativo; 5) salirse fuera de la realidad, por ejemplo, exigirse a sí mismo más de los que las cualidades personales puedan dar y eso produce una frustración permanente que con frecuencia desemboca en un estado depresivo.

¿Cómo se manifiesta esta enfermedad? 1) En una tristeza habitual, sin razones de peso; 2) en una sensación de desánimo e infelicidad; 3) con sentimientos de culpabilidad infundados; 4) con frecuentes insomnios; 5) con explosiones de carácter ante dificultades ordinarias; 5) pérdida de interés por la vida; 6) se deja de disfrutar lo que antes resultaba agradable o placentero; 7) una considerable baja en el rendimiento laboral o en los estudios; 8) sentirse completamente solo, aunque esté rodeado de personas; 9) estado general de malestar; 10) pérdida de la memoria; 11) sufrir de mucha ansiedad y miedo; 12) Deseos de no socializar con nadie, etc.

Cuando un familiar o un amigo se encuentra en este estado, hay que animarle o acompañarlo con un psiquiatra para que lo analice y le proporcione el tratamiento médico adecuado mediante antidepresivos y calmantes nerviosos. Si se obedece a las indicaciones de los doctores especializados en esta materia, a la vuelta de seis meses, uno o dos años se puede salir adelante, dependiendo de la gravedad del caso. Aunque no hay que dejar de continuar asistiendo a consulta médica, una vez que el paciente se va sintiendo mejor.

Hay un aspecto importante a considerar: la reacción de los familiares. Con frecuencia sucede que donde más incomprensión sufre el enfermo es en su propio hogar. Como a simple vista no se le mira nada extraño en su presencia física, como podría ser, en cambio, cuando alguien se fractura de una pierna y se le pone una férula y debe de usar muletas. En el caso de la depresión se supone erróneamente que el enfermo tiene pereza, desgana o piensa demasiado en sí mismo.

De parte de los seres queridos, lo más aconsejable es nunca decirle a una persona con esta enfermedad, frases como: “Échale ganas”; “Sí puedes trabajar más, lo que pasa es que no quieres”; “En el fondo lo que sucede es que no te importamos los de tu familia”; “Te estás dejando llevar por la flojera”; “Te has puesto en plan egoísta, cómodo y no cumples con tus obligaciones como profesional, ni como padre y esposo…”. ¿Por qué? Porque el deprimido racionalmente se da perfecta cuenta de que no está sacando adelante todos sus deberes, que tiene reacciones negativas en la que él mismo se sorprende, se siente atrapado como en un oscuro laberinto sin salida.

¿Qué conducta deben de manifestar sus familiares? En primer lugar, estar al pendiente de que vea al médico con la debida regularidad y que efectivamente tome sus medicamentos. En segundo lugar, tenerle mucha comprensión y paciencia porque no busca deliberadamente ponerse raro o egoísta sino que es una enfermedad como cualquier otra; brindarle afecto y cariño porque lo necesita; darle confianza y seguridad en sí mismo; acompañarle a salir de la casa a un lugar recreativo; que tenga una terapia ocupacional; animarlo ante el más pequeño logro que vaya teniendo en lo laboral o familiar. Y, sobre todo, decirle palabras de esperanza y optimismo de que realmente se podrá curar, si cumple con las prescripciones médicas.  Raúl Espinoza Aguilera

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